Por Rav Dr. Michael Laitman
(Enlace de la primera parte del artículo: http://bneibaruchmexico.blogspot.mx/2012/10/el-trabajo-lo-largo-de-las-tres-lineas.html)
En la línea derecha, conocida también como el
estado de dar (jesed), o fe por
encima de la razón, estamos felices con lo que se nos ha dado, con nuestro destino, y con lo que el Creador nos ha otorgado, puesto que vemos
todo esto como nuestro más grande regalo. Esto es así independientemente del
hecho que cumplamos los mandamientos del Creador sin captar su significado
interno, sino con base a nuestra propia formación o a la auto-aceptación de
ciertas obligaciones y educación personal.
Pero este estado aún no es considerado como la línea
derecha porque la línea izquierda está ausente. Solamente cuando aparece el estado
contrario podemos hablar de cualquiera de las líneas. Por lo tanto, sólo después
de inclinarnos hacia la evaluación crítica de nosotros mismos, únicamente después
que estimamos nuestros propios logros, solamente después de determinar las
metas verdaderas de nuestras vidas, sólo cuando evaluamos de manera crítica los
resultados de nuestros propios esfuerzos, solamente entonces obtendremos la línea
izquierda.
Lo importante aquí es la meta de la Creación.
Nosotros determinamos que, en esencia, nuestra meta es recibir placer del
Creador. Al mismo tiempo, sentimos que no lo hemos experimentado ni siquiera
una vez.
En el curso de nuestros estudios, aprendemos que
esto puede ocurrir únicamente cuando existe una congruencia de cualidades entre
nosotros y el Creador. Por lo tanto, estamos obligados a examinar nuestros
propios deseos y aspiraciones, juzgarlos tan objetivamente como podamos,
controlar y analizar todo, a fin de determinar si realmente estamos avanzando
hacia la renunciación del egoísmo y adquiriendo amor por otras personas.
Si como estudiantes vemos que todavía permanecemos
en el estado de los deseos egoístas y que no hemos progresado hacia una mejor condición,
sentimos a menudo desesperación y apatía. Además, de vez en cuando, descubrimos
no solamente que permanecemos en medio nuestros deseos egoísticos, sino que nos
damos cuenta que se han incrementado, ya que hemos adquirido deseos de placer
que alguna vez consideramos bajos, mezquinos, efímeros, e indignos.
Está claro que en este estado se hace difícil
continuar observando los mandamientos y estudiar con nuestra alegría previa; en
cambio, caemos en la desesperación y la decepción, y lamentamos el tiempo
perdido, así como también los esfuerzos que hemos empleado y las privaciones
que hemos sufrido. Por consiguiente, nos rebelamos contra la meta de la
Creación.
Este estado se conoce como la línea izquierda porque requiere corrección.
En este momento ya hemos percibido
nuestro propio vacío y debemos recurrir a la línea derecha, hacia los
sentimientos de plenitud, satisfacción, y felicidad absoluta que nos ha tocado.
Previamente, no se considerado que estuviéramos en la línea derecha porque todavía
estábamos en una sola línea, simplemente porque no había una segunda línea y,
por lo tanto, tampoco existía la autocrítica.
Pero si después de percatarnos de manera genuina
sobre la imperfección personal en la segunda línea, volvemos a la primera línea,
es decir, el sentimiento de perfección (en contra de nuestro estado y
sentimientos actuales), entonces se considera que estamos actuando a lo largo
de las dos líneas, no simplemente la primera y la segunda, sino a lo largo de
dos líneas contrarias: la derecha y la izquierda.
La línea derecha se llama también la verdad
porque podemos entender claramente que todavía no hemos alcanzado el nivel
espiritual, y no nos mentimos a nosotros mismos. En cambio, decimos que lo que
recibimos viene del Creador, incluso nuestras más amargas condiciones. Por consiguiente,
la fe por encima de la razón tiene mucho valor, porque existe un contacto con
el Creador.
Podemos ver entonces, que la línea derecha está construida
sobre el claro reconocimiento de la falta de percepción espiritual y sobre el
amargo sentimiento de falta de autoestima. Esto es seguido por nuestra salida
de los cálculos egoístas, hacia las acciones basadas en el principio: No lo que yo ganaré, sino, lo que desea el Creador.
La línea izquierda, por otra parte, está
construida sobre la verificación de la naturaleza genuina de nuestro amor por
otros seres humanos; sobre la determinación de si somos capaces de actuar de forma
altruista, y de realizar actos no egoístas. Está también construida sobre la
comprobación de si realmente no deseamos recibir ninguna recompensa por
nuestros esfuerzos.
Si después de tales cálculos vemos que somos
incapaces de renunciar a nuestros propios intereses, incluso a menor grado,
entonces no tenemos otra opción sino suplicarle al Creador que nos brinde la redención. Por esta razón, la línea
izquierda nos trae hacia el Creador.
La línea derecha nos da la posibilidad de
agradecer al Creador por el sentimiento de Su perfección. Por eso no nos da una
percepción de nuestro estado verdadero, el estado caracterizado por la
ignorancia absoluta, y por falta total de conexión con lo espiritual. Y por lo
tanto, tampoco nos hace rezar, y sin una plegaria es imposible comprender la
luz de la Cabalá.
En la línea izquierda, sin embargo, procuramos
superar nuestro estado verdadero con nuestra propia fuerza de voluntad,
llegando así a darnos cuenta que no poseemos la fuerza necesaria para tal
tarea. Solamente entonces, comenzamos a discernir nuestra necesidad de ayuda de
lo Alto, ya que vemos que solamente los poderes sobrenaturales pueden
ayudarnos. Sólo a través de la línea izquierda podemos lograr el fin deseado.
Pero es
importante entender que las dos líneas deben estar balanceadas, de modo que
cada una de ellas sea utilizada equitativamente. Solamente entonces surgiría
una línea media, combinando la línea derecha y la izquierda en una sola línea.
Si una línea es mayor que otra, eso impedirá la fusión de ambas, debido a que esa línea se percibirá como más beneficiosa en situación dada. Por lo tanto, las dos líneas deben ser absolutamente iguales.
El beneficio de esta difícil tarea de acrecentar ambas líneas por igual, radica en el hecho que en su fundación la persona percibe la línea media, la Luz Superior, la cual se revela y se percibe y se percibe precisamente de las experiencias de ambas líneas.





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