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miércoles, 4 de mayo de 2016

El lenguaje de los cabalistas







Cuando pensamos o sentimos algo y deseamos transmitírselo a otra persona para que también lo sienta utilizamos palabras. Existe un consenso generalizado acerca del uso de las palabras y sus significados. Si calificamos a algo de "dulce", la otra persona imagina inmediatamente el mismo sabor. Pero, ¿ cuánto se acerca su concepto de lo dulce al nuestro?, ¿cómo podríamos comunicar mejor nuestras percepciones manteniendo el uso de palabras?

Las percepciones de los cabalistas superan nuestro nivel. No obstante, ellos desean transmitirnos su admiración por cosas que no tienen significado para nosotros. Para esto, utilizan instrumentos tomados de nuestro mundo: con frecuencia palabras, a veces notas y en ocasiones otros medios.

Los cabalistas escriben acerca de sus experiencias y percepciones en los mundos superiores, acerca de las fuerzas superiores y de lo que descubren allí. Escriben para otros cabalistas, pues la interacción de sus estudios es esencial y fructífera. Luego sus escritos llegan a quienes aún no han sentido la espiritualidad, aquellos para quienes aún se encuentra oculta. Las palabras y las letras componen un código que señala el objeto espiritual y su situación única. Cuando un cabalista lee lo que otro cabalista ha escrito, puede reconstituir el texto y percibir exactamente lo que su colega cabalista quiso decir; tal como un músico puede reproducir una pieza musical que fue escrita por otro compositor 500 años atrás, a través de las notas, o como nosotros marcamos los signos matemáticos con números.

Como en el mundo espiritual no existen palabras que puedan describir sus percepciones espirituales, los cabalistas las denominan "Ramas", una palabra tomada de nuestro mundo. De allí que el lenguaje de los libros de Cabalá se conoce como "Lenguaje de las Ramas". Este lenguaje toma prestados términos de nuestro mundo para identificar percepciones espirituales. Como cada cosa del mundo espiritual tiene su equivalente en el mundo físico, cada raíz del mundo espiritual tiene el nombre de su rama.

Al no poder describir con precisión nuestras percepciones, ni medirlas o compararlas, acudimos a toda clase de términos auxiliares.

El rabino Yehuda Ashlag escribe en su "Estudio de las Diez Sefirot" (Parte I. Mirando a nuestro interior) “…los cabalistas eligieron un lenguaje especial al que se le denomina “Lenguaje de las Ramas”. Nada sucede en este mundo que no tenga sus raíces en el mundo espiritual. Todo en este mundo se origina en el mundo espiritual y luego desciende. De esta forma, los cabalistas encontraron un lenguaje ya elaborado, con el cual transmitir fácilmente sus logros oralmente unos a otros o por escrito para las generaciones futuras. Tomaron los nombres de las ramas del mundo material: cada nombre es autoexplicativo, indicando su raíz de origen en el sistema del Mundo Superior."

Para cada fuerza y acción de este mundo existe una fuerza y acción en el mundo espiritual que es su raíz. Cada fuerza espiritual se correlaciona con una sola fuerza, su rama en el mundo material.

Acerca de esta correlación directa se ha escrito: "No hay brizna nada que crezca abajo que no tenga un ángel arriba instándolo a crecer." Es decir, no hay nada en nuestro mundo que no tenga su fuerza correspondiente en el mundo espiritual. A causa de esta correlación directa, y porque la espiritualidad no contiene palabras -sólo sensaciones y fuerzas- los cabalistas utilizan los nombres de las ramas de este mundo para referirse a las correspondientes raíces espirituales.

El Baal Hasulam prosigue, diciendo: "Con estas explicaciones, ustedes comprenderán lo que a veces parece en los libros de Cabalá una terminología extraña para el espíritu humano, en particular en los textos básicos, como el Zohar o los libros del Ari. Surge la pregunta: ¿Por qué los cabalistas utilizaron una terminología tan corriente para expresar ideas tan elevadas? La explicación es que ningún idioma ni lengua del mundo podría ser utilizado de forma razonable, excepto el especial lenguaje de las Ramas, basado en las raíces superiores correspondientes. ... Si a veces se utilizan expresiones extrañas, es porque no queda otro remedio; no debemos sorprendernos. Lo bueno no puede reemplazar lo malo, y viceversa. Debemos siempre transmitir exactamente la Rama o incidente que designe a su raíz superior como lo dicte la ocasión, elaborándolo hasta encontrar la definición exacta."

El mundo espiritual es abstracto: allí las fuerzas y las sensaciones funcionan sin el ropaje de "animal", "mineral", "vegetal" o "parlante". El estudiante repite una y otra vez las ideas principales de la sabiduría cabalística: "lugar", "tiempo", "movimiento", "carencia", "cuerpo", "partes del cuerpo" u "órganos", "corresponder", "besar", "abrazar", hasta percibir en su interior la sensación correcta para cada idea.

Una vez que los cabalistas han elegido las palabras en el "lenguaje de las ramas" para la descripción de objetos espirituales, no pueden cambiar una palabra por otra como a ellos les plazca. Deben usar palabras que, precisamente, señalan esas raíces superiores, y ellos no pueden renunciar ni a una sola palabra sólo porque les parezca vulgar o inapropiada. Al igual que dos cabellos no pueden crecer en una raíz, así dos ramas no pueden provenir de la misma raíz espiritual. Cada criatura tiene su propia raíz superior, que no se puede reemplazar con otra.

Cada objeto en nuestro mundo tiene una raíz superior que lleva el mismo nombre. No puede haber dos raíces diferentes con el mismo nombre, así como dos criaturas separadas en nuestro mundo no pueden llamarse igual, ya que son diferentes por lo menos en algo, o de otra forma serían una y la misma. Cada objeto o fenómeno de la naturaleza debe tener un nombre específico y una vez que se le ha designado no se le puede llamar por cualquier otro.

Las ramas forman parte integral de la Cabalá, y sin su uso, no se puede estudiar Cabalá. Para concluir, debemos observar que algunos así llamados "instructores de Cabalá" transmiten a sus estudiantes interpretaciones equivocadas. El error surge del hecho de que los cabalistas escribieron sus libros utilizando el Lenguaje de las Ramas, usando términos de nuestro mundo para expresar ideas espirituales. Quienes no comprenden el uso correcto del lenguaje caen en el error. Enseñan que existe una conexión entre el cuerpo y la vasija espiritual, como si la vasija espiritual incluyera al cuerpo, considerándolo parte del órgano espiritual, de modo que por medio de una acción física se pudiera realizar algo espiritual. Nosotros no afectamos el mundo espiritual por la realización mecánica de las Mitzvot. No existe conexión entre nuestros actos físicos y el mundo espiritual. La severidad de la prohibición de idolatría se refiere a la materialización de la espiritualidad y no a hacer una reverencia ante alguna pieza de madera o roca. Estas cosas ni siquiera son tema de discusión. La idolatría es la materialización de los términos espirituales, como si los poderes espirituales se revistieran en nuestro cuerpo, o en un trozo de carne. Debido a ese peligro se prohibió el estudio de la Cabalá. Baal HaSulam transmitió la sabiduría en sus libros, de tal manera, que todos pudieran estudiarlos sin materializar los conceptos espirituales. Antes de su época, los seres no estaban preparados para aceptarla, y la Cabalá permaneció oculta. De hecho, el propósito del desarrollo de la humanidad es llevarla a sentir y estar de acuerdo con que hay cosas que nosotros no podemos sentir, pero que existen; que son invisibles, y sin embargo son magníficas y que puede haber existencia más allá del tiempo y del espacio.
Por Rav. Michael Laitman

(kabbalah.info/es)
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viernes, 23 de octubre de 2015

¿Qué significa unión con el Creador?

La Cabalá nos explica que el cumplimiento correcto y consistente de las leyes espirituales nos conduce a la unión con el Creador.   ¿Sin embargo, qué significa la palabra unión?  En efecto,  debido a las limitaciones del tiempo, del espacio tridimensional y de los deseos del cuerpo, nuestros pensamientos no pueden concebir al Creador.  Por lo tanto, mientras que nuestros pensamientos estén restringidos por estas limitantes, no podemos ser objetivos.

A medida que el hombre trasciende su ego, se transforman el deseo de recibir, las definiciones del tiempo, espacio y movimiento.  Adquieren una dimensión espiritual.  A ese nivel, controlamos nuestro deseo de recibir, que ya no nos gobierna más. Nuestros pensamientos no dependen ya del deseo de recibir y,  por consiguiente, son objetivos.

De lo anterior se deduce que la Cabalá le permite al hombre adquirir en sus atributos y sus acciones una equivalencia con el Creador,  que es el medio para acercarse a Él.  La sabiduría nos aconseja adherirnos a Sus actos, ser bondadoso, afectuoso y tan humilde como es Él.  ¿Cómo podemos estar seguros, sin embargo, que las acciones del Creador y el Creador mismo son iguales?  Lo que es más, ¿por qué tengo que adherirme a Él imitando sus actos?

En el mundo físico, la unión o la adhesión, son consideradas como un acercamiento entre los objetos, mientras que la separación se caracteriza por el alejamiento de un objeto con respecto a otro.  En cambio, en el reino espiritual no existen los conceptos del tiempo, el espacio o el movimiento. Por este  motivo la equivalencia de los atributos entre dos objetos espirituales ejerce una atracción entre ellos y la diferencia de los atributos los separa. No puede existir adhesión o separación (al contrario del mundo físico) ya que el objeto espiritual por sí mismo no tiene volumen.

Lo mismo que un hacha parte un objeto físico en dos,  la aparición de un nuevo atributo en un objeto espiritual lo divide en dos.  Así es que si la diferencia de atributos es insignificante,  los objetos espirituales estarán cerca.  Entre mayor sea la diferencia de los atributos,  más grande será la distancia que los separe.  Si experimentan amor el uno por el otro, espiritualmente están  "cerca" y la distancia entre su envoltura material no tiene importancia.  La relación entre ellos la va a determinar la afinidad espiritual.

Si a alguien le gusta algo que otra persona detesta, la distancia entre los dos dependerá de la divergencia de ideas y de sentimientos.  Si a uno de ellos le gusta todo lo que el otro detesta, se les va a  considerar como totalmente opuestos.

Vemos así que en el mundo espiritual (el mundo de los deseos)  la semejanza o la diferencia entre las aspiraciones, los deseos, las ideas y los atributos es como el hacha que parte la espiritualidad en fragmentos.  La distancia entre los objetos espirituales la determina el grado de desigualdad de los sentimientos y los atributos.

En consecuencia, si seguimos la voluntad del Creador, nos adherimos a Sus sentimientos, Sus pensamientos, nos acercaremos a Él.  Puesto que el Creador sólo obra por el bien de sus criaturas, de igual forma debemos desear lo mejor al prójimo y ser bondadosos con todos.  Desde luego, como vivimos en un mundo material, todo lo que necesitamos para la supervivencia del organismo no se considera una manifestación de egoísmo.

¿Podemos hacer el bien a los demás sin rastro de egoísmo?  Después de todo,  el Creador nos creó como egoístas absolutos con un deseo de disfrutar. No podemos modificar nuestra naturaleza y aún cuando nos portemos bien con todos, intentamos beneficiarnos con ello consciente o inconscientemente.  A menos que obtengamos algún provecho no daremos un solo paso en pro del prójimo.

En efecto, los hombres no tienen poder para transformar su naturaleza egoísta, mucho menos transformarla en algo totalmente opuesto (hacer prueba de bondad sin esperar una retribución bajo la forma de reconocimiento,  tranquilidad, notoriedad o dinero).   Por esta razón se nos dio el método para cumplir las leyes espirituales con la Cabala. No existe otro procedimiento que pueda cambiar nuestra naturaleza.

El cuerpo y sus órganos forman un solo conjunto intercambiando sin cesar sensaciones e información.  Por ejemplo, si el cuerpo advierte que uno de sus componentes puede mejorar las condiciones generales del organismo entero, este componente de inmediato lo registra y satisface el deseo.  En caso de que alguno de sus componentes sufra, el organismo de inmediato lo percibe e intenta resolver la situación.

A partir de este ejemplo,  podemos comprender el estado del hombre,  o más bien el estado del alma que logra acceder a la unidad con el Creador.  Antes de encarnarse el alma formaba parte de un todo con el Creador.  Desgraciadamente,  una vez encarnada, el alma se separa completamente de Él debido a la diferencia que existe entre los atributos del Creador y del organismo.

Lo anterior significa que al conferir la sensación de egoísmo al alma, el Creador creó algo distinto fuera de Él,  puesto que los diferencia en el deseo separa los objetos en el mundo espiritual.   En consecuencia, el objeto (el alma)  y el egoísmo  (el cuerpo)  se convierten en elementos separados.  De igual forma, el hombre se encuentra muy alejado del Creador como si al cuerpo se le hubiera seccionado un órgano.  Es tan grande la distancia que los separa que el hombre sólo puede creer en Él mas no puede conocerlo.

De esta forma,  si logramos unirnos al Creador mediante la equivalencia de nuestros atributos con los Suyos  (que conseguiremos si cumplimos las leyes espirituales y cambiamos nuestro egoísmo, que es lo que nos separa del Creador, por el altruismo)  nos adentraremos en Sus pensamientos, y en Sus deseos.  Descubriremos los secretos de la Cabalá ya que los pensamientos del Creador son los secretos del universo.


("Conceptos Fundamentales de Cabalá", Rav. Dr. Michael  Laitman, kabbalah.info/es)


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martes, 29 de septiembre de 2015

El ciclo de festividades - el ciclo de correcciones del alma

Según el programa de la creación, toda la vida es el proceso de corrección del egoísmo creado para que sea usado como amor y otorgamiento a las personas y desde ahí al Creador. No hay otra finalidad, significado o satisfacción en la vida. Este proceso comprende acciones regulares de corrección: días de la semana, acciones especiales, el Shabat y las festividades.

Todo está derivado del hecho de que cada día es nuevo, cada mes es nuevo, y cada hora es nueva para una persona. Estos cambios astronómicamente parecidos son de hecho, internos, espirituales. Todo lo que importa resulta de los cambios alrededor de las fuerzas espirituales que influencian nuestro mundo, y así los cambios aparecen en nuestro mundo en los niveles de inanimado, vegetativo, animal y nosotros.

En otras palabras, la razón de todos estos cambios es la rotación de la Sefirot a través de la cual la Luz pasa. La Luz influencia y actúa en nuestro universo y el resultado es la materia en nuestro mundo. Así que si una persona quiere estar conectada con la creación entera, cada momento es inmensamente valioso para él. Además de esto, él puede dividir cada momento dentro de una multitud de momentos. Esto significa la posibilidad que la existencia por solo un segundo  cobra vida para él. Y en este sentido se expande a sí mismo.

Las festividades judías se caracterizan por darnos la sensación de singularidad en cada momento en el tiempo, en cada Sefira que participa en el pasaje de la Luz.

El año nuevo es el comienzo de una larga cadena de correcciones internas que nosotros atravesamos gradualmente. Comenzamos por comprender nuestra misión en esta cadena cuando llegamos al Día del Juicio (Yom Kippur), en el que nos juzgamos a nosotros mismos de una manera estricta.

Tomamos una decisión sobre lo que tenemos que hacer para alcanzar la fuerza que nos hemos fijado como meta. Esta fuerza está unida, y por lo tanto, también tenemos que ser como un hombre que une a toda la humanidad.

Esta vez, la unidad incluye no sólo al pequeño grupo que una vez escapó de la antigua Babilonia, ni sólo a la nación de Israel. Ahora toda la humanidad tiene que alcanzar la unidad con el sistema general de la naturaleza. Esa es nuestra manera de entender el poder y la singularidad del Día del Juicio.

El punto culminante del día del juicio es cuando leemos un pasaje del Libro de los Profetas, Maftir Yonah, que habla de Yonah (Jonás) el Profeta al que envió el Todopoderoso a Nínive para advertirles a las personas que vivían allí que la ciudad sería destruida si no se arrepentían. La historia nos cuenta que Yonah quería huir de su misión de llevar a toda la humanidad hacia la corrección, donde la ciudad de Nínive representaba a la humanidad. Sin embargo, el curso de los acontecimientos se desarrolló de una manera en la que él entendió que no sería capaz de huir y que tenía que cumplir con la misión que se le había encomendado.

La nación de Israel, al igual que Yonah el Profeta, conoce su misión y tiene el poder para cumplirla, y debe sacar de su situación al mundo entero, a toda la “ciudad de Nínive”.
Después de eso tenemos la festividad de Sucot, en la que nos sentamos a la sombra de una tienda especial, una Sucá, o en otras palabras, nos cubrimos con una pantalla. Los cuatro símbolos de la festividad de Sucot, el Lulav (rama de palmera), Hadassim (ramas de mirto), Aravot (ramas de sauce), y Etrog (citrón), simbolizan la HaVaYaH plena o las cuatro etapas de la revelación de la Fuerza Superior en el deseo de recibir corregido de uno.

Nuestro deseo egoísta tiene cuatro capas que tenemos que corregir. El egoísmo es lo que se interpone entre nosotros, impidiéndonos unirnos. Si podemos conectar juntas todas estas formas de egoísmo (tomar en nuestras manos los cuatro símbolos de Sucot) y conducirlas directamente hacia la fuerza de unidad, esto significa que realizamos la bendición llamada “Arbaá Minim”.

Sucot es seguida por la festividad de Simjat Torá (la alegría de la Torá), en la que nos regocijamos ante la fuerza superior que vino a nosotros todo el tiempo y nos ayudó a hacer las correcciones y atravesar todas sus etapas.

Luego llegamos a la festividad de Janucá, un estado en el que no queremos nada. Sólo miramos las velas de la festividad, pero no los usamos. Janucá es una fiesta espiritual porque sólo nos regocijamos en la Luz, en la forma en que se establece la fuerza superior en nuestro interior y nos separa de nuestro egoísmo o del mal que hay dentro de nosotros, mientras que todos nosotros juntos deseamos conectarnos con esta fuerza.

La próxima festividad es Purim, a diferencia de Yom Kippur (Ki-Purim, como Purim). En Yom Kippur hacemos un ayuno especial, mientras que en Purim, por el contrario, comemos y bebemos para darle contento a nuestro corazón, y regocijarnos. En Purim hay un mandamiento de emborracharnos hasta tal punto de no distinguir entre Hamán y Mordejai, un pecador de un hombre justo.

Esto se debe a que ya no somos tan efímeros o carentes de todo egoísmo como en Janucá, sino que por el contrario, corregimos nuestro mal. Corregimos todo el egoísmo anterior y las malas inclinaciones en contra de la unidad. Es por eso que esta fiesta es opuesta a la del Día del Juicio, Yom Kippur, que es “como Purim“. En Yom Kippur los deseos no corregidos sólo se revelan, mientras que en Purim, en realidad se corrigen.

Ahora todos los deseos y aspiraciones pueden ser conectados en un todo. Cada persona puede darles presentes a los demás, demostrándoles su amor. Así es como llegamos al estado en el que no diferenciamos entre un pecador y un hombre justo, ya que todo se corrige. ¡Se les permite a ustedes hacer todo lo que quieran, y esto será bueno! No hay ninguna diferencia entre las personas. Todas nuestras aspiraciones, deseos y pensamientos son correctos.

La siguiente festividad es la Pascua, que simboliza nuestro éxodo constante de mal al bien, de la esclavitud a la libertad. Salimos de nuestro egoísmo, “pasamos por encima” (Pasah), liberándonos de la esclavitud, del poder de nuestro deseo egoísta que gobierna sobre nosotros, y nos elevamos por encima de él.

Entonces empezamos a contar los días del Omer, en los que contamos las correcciones de nuestros deseos hasta que alcanzamos la festividad de Shavuot la entrega de la Torá. Discernimos que tenemos que recibir la fuerza superior, que nos corregirá, porque la única cosa que tenemos dentro de nosotros es la inclinación al mal. Pero además de la inclinación al mal, fue creado un medio para corregirla, la Torá, la Luz que Reforma.

La festividad de Shavuot, la entrega de la Torá, significa que tenemos que recibir desde arriba la fuerza para nuestra corrección. Esta fuerza nos ayuda a construirnos a nosotros mismos, pero no podemos permanecer en este estado, así que nos rompemos. Este colapso es simbolizado por el 9 de Av, que completa el ciclo.

Al construirnos a nosotros mismos y luego rompernos, llegamos a entender las razones de nuestra caída y toda la profundidad del mal. Antes de eso, el mal estaba oculto y no era lo suficientemente evidente, pero ahora entendemos que necesitamos una mayor corrección del mal. Al corregirlo, alcanzamos el final de la corrección.

Esto es muy parecido a prometerse a sí mismos no comer dulces, y después entrar en una tienda de golosinas donde están rodeados de tantas delicias que olvidan por completo su promesa y el hecho de que el azúcar es malo para ustedes. El placer los esclaviza y ustedes son dominados por él.

La misma situación se presenta el 9 de Av, pero en una escala mucho mayor. Sin embargo, a través de este colapso, nosotros aprendemos la profundidad a la que tendremos que corregirnos a nosotros mismos con el fin de soportar la enorme “tienda de dulces” que nos confunde. Eso se debe a que tenemos que corregirnos, no sólo en relación al pequeño caramelo, sino en relación a todo el tremendo egoísmo.

Así es como alcanzamos la corrección completa. Logramos la unidad y por lo tanto alcanzamos la equivalencia con toda la naturaleza. Pero eso no es suficiente. La historia de Yonah (Jonás) el profeta nos recuerda que tenemos que cuidar del resto de la humanidad. Es entonces cuando, después de corregirse a sí misma, la nación de Israel le pasa el método a toda la humanidad. Ella llega a la humanidad como a la ciudad de Nivneh (Nínive) con el fin de corregirla.

Por lo tanto, el mundo entero alcanza un estado de prosperidad, completando el ciclo que está simbolizado por las festividades judías.
 (laitman.es)
*Img: por Two Little Fruits Art studio

lunes, 21 de septiembre de 2015

El oculto significado de Yom Kippur

Según la Cabalá, el ayuno es un acto de “restricción” que el hombre realiza sobre sí – se priva momentáneamente de recibir placer de forma egoísta. He aquí una guía resumida del mundo interno y oculto de este día según la sabiduría de la Cabalá. 

Muchos son los que no saben, que a pesar de la lúgubre imagen que le ha sido atribuido, Yom Kippur se define básicamente como una de las festividades de Israel. Esto no significa que comencemos a bailar, a cantar y a regocijarnos por las calles, pero se puede, sin embargo, desarrollar hacia él una actitud correcta y más positiva. Este es un día especial de introspección y de profundo examen personal. Un día en el que se nos ha dado la posibilidad de acercarnos al verdadero propósito de nuestra vida, y por lo tanto, es considerado una festividad bendita y de suma importancia. Yom Kippur es la fiesta que abre ante nosotros un mundo entero de discernimientos espirituales, refinados y maravillosos.

Perdón

La petición del perdón es quizá la costumbre más conocida y popular de este día. Perdón por haber hecho daño, perdón por haber molestado, perdón por haber insultado. El perdón pasó a ser una escoba mágica que mete todos sentimientos de culpa bajo la alfombra. Pero confesemos la verdad, un día o dos (en el mejor de los casos) después de haber recibido la autorización moral de nuestros actos, el “polvo de pecados” volverá a flotar libremente al aire libre. Entonces, ¿qué sentido tiene, a pesar de todo, pedir perdón?

La sabiduría de la Cabalá explica que “perdón” no es un simple pedido que se hace de la boca hacia afuera, sino una fase especial, en la que el hombre comienza a comprender que en el mundo espiritual existe una fuerza que une todas las almas en una unidad única y maravillosa. Esta inmensa distancia que el hombre descubre entre él y esta fuerza que prevalece entre las almas, la fuerza de amor y unión,  lleva al hombre a hacer un profundo examen interno. Éste ve que él mismo actúa a través de motivaciones egoístas de explotar y aprovechar al prójimo para su propio beneficio y que no puede hacer nada para cambiar esta situación. Entonces, irrumpe de su interior el perdón, como un grito de las profundidades, como una petición de un cambio interno, como una plegaria.

Fuerza Superior

La Fuerza Superior es la fuerza de la naturaleza que activa todo lo que sucede en la realidad. Su meta es llevarnos a un grado de existencia elevado de recibimiento de placer y abundancia eterna. En la sabiduría de la Cabalá, la Fuerza Superior es denominada “Creador”, del hebreo “Boré” (Bo – ven, Ré – ve), es decir – ven y adquiere el atributo de amor y entrega, y ve qué bueno es vivir así.  

Vestimenta blanca  

La ropa de color blanco que acostumbramos vestir en el día del perdón simboliza el estado en el que todos los deseos del hombre se “envuelven” con la Luz de Sabiduría (Jojmá) eterna y amante del Creador.  

En la Introducción al libro del Zohar, explica Baal haSulám, Rav Yehudá Ashlag, que el color blanco representa a la “Luz de Jojmá” – Luz de de la perfección que ilumina al hombre en el mundo de Atzilút (Nobleza). Este maravilloso mundo expresa el escalón espiritual más alto que el hombre puede lograr, después de haber pasado por tres mundos anteriores de preparación: Beriá, Yetzirá y Asyiá. Cada mundo tiene su propio color: rojo, verde o negro, según la potencia de la Luz que actúa sobre él. Pero se trata, por supuesto, únicamente de colores externos, que señalan el atributo interno de la Luz. El color blanco, por ejemplo, incluye el resto de los colores en su interior, por lo tanto representa la cima de la existencia espiritual, que contiene en su interior todos los grados y estados anteriores que pasó el hombre en su camino.  

Ayuno

La Meta de la Creación es, como hemos dicho, llenar los creados de alegría y placer interminable. ¿Por qué, entonces, se acostumbra en este día a hacer acciones supuestamente contrarias a esto, como la abstinencia de comida y bebida?

La sabiduría de la Cabalá se opone completamente a cualquier tipo de mortificación y sufrimientos físicos, que no ayudan en nada al desarrollo espiritual del hombre. El ayuno de Yom Kippur no es más que una costumbre externa que expresa la especial sensación de vacío que siente el hombre que se enfrenta por primera vez a la Fuerza Superior. Obviamente no se trata de un vacío material conectado a la falta de éxito mundano, de dinero u honor; sino de un vacío interno – la falta del atributo de entrega. El ayuno representa un acto en el que la persona realiza sobre si una “restricción”, o sea, se priva momentáneamente de recibir placer de forma egoísta.

Cuando la persona llega a tal elevado estado espiritual, el ayuno no es percibido por él como un sufrimiento o tormento, sino, por lo contrario, como un estado que alienta y eleva el espíritu. El hombre comprende qué lo separa de la sensación de integridad del Creador, y logra identificar cuáles son los cambios, correcciones y averiguaciones que debe realizar en su interior para conseguirla.  

Shófar

En el artículo de Baal haSulám “El Shofár del Mesías”, este escribe que la diseminación de la sabiduría de la Cabalá en el mundo es el “shofar” (cuerno de carnero usado como instrumento de sonido) que despierta a la humanidad en pos de su misión espiritual – “…como el ejemplo del shofar que su voz se escucha a múltiples distancias, así se esparcirá la Cabalá en todo el mundo, y aún las naciones escucharán y confesarán que existe la sabiduría de Dios dentro de Israel”. 

Rezo

El verbo “rezar” tiene, en hebreo, su raíz lingüística en la misma raíz que el verbo “incriminar”. La persona que reza es aquella que se autocritica, se incrimina y descubre que todos sus actos están dirigidos a su beneficio propio y no tiene ningún deseo de hacer ni siquiera algo mínimo por el beneficio del prójimo. Cuando el hombre siente que este estado es insoportable, porque de tal modo está desconectado del sistema general, de la fuerza general de la naturaleza, se dirige a ella con la petición de que esta cambie su naturaleza. Entonces, su sincero pedido es respondido y él adquiere la capacidad de amar y otorgar como la naturaleza misma.  

Rezo “Kol Nidrei”

Al comienzo del rezo “Kol Nidrei”, con el que comenzamos los rezos de Yom Kippur, se dice: “Permitimos rezar en compañía de criminales”. Según la Cabalá,  “criminal” es un escalón espiritual muy elevado. Este rezo simboliza el proceso espiritual en el que el hombre descubre el amor propio en su interior, y determina que él mismo es ese “criminal”. Sin embargo, nos alegramos con el descubrimiento, dado a que ahora tenemos la oportunidad de corregirlo convertirlo en amor al prójimo.

Diez días de arrepentimiento

Las conmemoraciones y fiestas acostumbradas en la tradición judía son símbolos que indican sobre estados internos que suceden dentro del hombre. Los diez días de arrepentimiento entre Rosh haShaná y Yom Kippur representan los primeros niveles de revelación del mundo espiritual. En el primer nivel, conocido como Rosh haShaná, el hombre recibe por primera vez el Kli (vasija) completo, un tipo de sistema de recepción para sentir el mundo espiritual compuesto de diez “Sefirót” (plural de Sefirá): Keter, Jojmá, Biná, Jessed, Gevurá, Tiferet, Netzaj, Hod, Yessod, Maljút. El término “Sefirá” (de la palabra zafiro, brillo) representa el deseo o atributo interno dirigido a la sensación de la Luz Superior, el Creador. A continuación del camino, el hombre descubre que las diez cualidades internas en él son opuestas al atributo de la Fuerza Superior, el atributo de entrega y amor. Como resultado de esto, él recibe fuerzas para “purificarlas” del ego, y siente que necesita “expiación” – corrección especial que ocurre en el “día del perdón” espiritual.

Control sobre el destino

La medida de desarrollo espiritual del hombre determina su control sobre su destino. En otras palabras, el hombre adquiere el atributo de la naturaleza, que es amor y entrega, aprende a activar fuerzas que determinan su destino y el de los demás.

El cuero y la Luz  

A menudo, especialmente para enfatizar ciertos discernimientos, los cabalistas usan distintos nombres para describir fenómenos espirituales. En vez de mencionar los nombres de las Sefirót: Keter, Jojmá, Biná, Tiferet y Maljút, las cuales describen grados de logro espiritual, eligen usar nombres de partes del cuerpo espiritual: cerebro, huesos, tendones, carne y cuero. Por lo tanto, en vez de nombrar la Sefirá de Maljút por su nombre, la denominan con el nombre de “cuero”.   


Una de las costumbres de Yom Kippur, es evitar calzar zapatos o sandalias de cuero, ponerse cinturones de cuero, etc. Esta costumbre expresa el estado espiritual en el que el cabalista aprende con qué “Kelim” (vasijas) puede trabajar y cuáles no debe usar, al menos en este grado. Estos Kelim (deseos internos) prohibidos para el uso pertenecen a la Sefirá de Maljút, y de aquí el origen de las restricciones acostumbradas con respecto al cuero. En un grado más adelante en el proceso de corrección, el cabalista llega al grado en el que puede “abrir” también los grandes deseos pertenecientes a la Sefirá de Maljút, y usar también estos para ascender en la escalera del logro espiritual.

(kabbalah.info/es)

domingo, 20 de septiembre de 2015

Los siete días de la Creación (Cuarta parte)


El Cuarto Día

Y dijo Dios: Haya luceros en la expansión de los cielos para apartar el día de la noche, y sean por señales, y por plazos, y por días y años; y sean por luceros en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra; y fue así. 

E hizo Dios los dos luceros grandes: al lucero grande, para que señorease en el día y al lucero pequeño para que señorease en la noche; e (hizo también) las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que era bueno. Y fue tarde y fue mañana: día cuarto.

En el cuarto día, la Luz en el firmamento del cielo, surgió para significar el cambio de día y noche, meses y años. La corrección ocurre incluso en la parte más pequeña del universo, así como en todo el universo en general. La creación, en su totalidad, se llama Adán o el Alma, sus componentes se denominan almas individuales, o "Bnei Adam" (hijos de Adán). Cada alma individual está sujeta a las mismas fases de corrección que el alma común.

El Quinto Día

Y dijo Dios: Produzcan las aguas reptiles de ánima viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y crió Dios las grandes cetáceos, y toda cosa viva que anda arrastrando, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie; y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo diciendo: Fructificad y multiplicad, y henchid las aguas en los mares, y las aves se multipliquen en la tierra. Y fue la tarde y la mañana, el día quinto.

El libro del Zohar describe que cada día es la construcción de Eijalot (moradas celestiales), la construcción del vacío (deseo). En cuanto las propiedades egoístas del alma son corregidas en altruistas, se llenan gradualmente de la Luz Superior. Las personas que han experimentado muerte clínica han percibido en parte la Luz Superior, y después describen una mágica sensación celestial de paz y alegría. Este llenado progresivo de espacios vacíos lleva a todas las almas hacia el estado de corrección final y de perfección. El tiempo no existe en el mundo Superior, desaparece, porque todos estos estados son perfectos. Lo mismo ocurre con la narrativa de la Torá: no hay separación de tiempo y todos los acontecimientos están conectados únicamente mediante relaciones de causa y efecto. Vamos a ver que el hombre fue creado en el sexto día y existió tan sólo unas horas antes de cometer el pecado y caer en el mundo inferior. Con él cayó todo el mundo.

El Sexto Día

Y crió Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo crió; ... y les dijo Dios: "... señoread sobre los peces de la mar, y sobre las aves de los cielos, y sobre todas las bestias que se mueven sobre la tierra".

¿Qué significa "a Su imagen"? En la Torá "a Su propia imagen" está escrito como "Be Tselem Elokim Bará...".Tselem significa una parte de Bina, que desciende de Bina al alma e imparte al alma las propiedades del Creador. En otras palabras, el Partzuf Bina representa el instrumento del Gobierno Superior, que comanda todas las almas, sus características y el orden de corrección. Todo lo que pasa con nosotros se origina en BinaMaljut es el conjunto de todas las almas que necesitan corrección. Para corregir a Maljut, un instrumento especial emana de Bina. Penetra Bina y le permite corregir. Este sistema de auto-ayuda, que elMaljut de cada alma recibe desde lo Alto se llama Tzelem - "la imagen". Con esto queremos decir un conjunto de propiedades, la imagen del Creador.

Sin tener información sobre el programa de la creación y sin sentir los mundos espirituales somos incapaces de saber cómo actuar, qué medidas tomar. Somos incapaces de comprender lo que se nos requiere. Para que tengamos estos medios necesarios para el avance, el grado Superior, Bina, tiene que enseñarnos lo que debemos hacer. Esto es lo que Tselem (el instrumento auxiliar descendente de Bina) hace dentro de nosotros. Se  implanta en nuestra alma y convoca todos los tipos de correcciones necesarias. Por lo tanto, se dice que Tselem ayuda a convertirnos en un Ser Humano.

En el séptimo día el hombre subió más y más alto. Él realizó correcciones dentro de sí seis veces: Jésed,GuevuráTiferetNétzajJodYesod. Estas seis correcciones consecutivas se denominan 'seis días' o 'seis mil años' de la creación. La última Sefira (es decir, Maljut) no es capaz de corregirse por  sí sola. Sin embargo, después de que Maljut absorbe las propiedades de los seis Sefirot anteriores, puede recibir sus propiedades. Es por esto que la esencia del séptimo día es todo lo que se ha creado y acumulado en el curso de los seis días en Maljut. El sábado es considerado como un día especial, porque en este estado el alma se llena de la Luz Superior. La única condición es "no obstaculizar" este proceso, que es simbólicamente expresado en las leyes de Shabbat.


FIN


(kabbalah.info/es)

domingo, 13 de septiembre de 2015

Los siete días de la Creación (Tercera Parte)


El Primer Día

En el principio Dios creó los cielos y la tierra. Ahora, la tierra estaba informe y vacía, y las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el espíritu de Dios cernía sobre la faz de las aguas. Y Dios dijo: "Que se haga la Luz". Y hubo Luz. Y Dios vio la Luz, que era buena, y Dios separó la Luz de las tinieblas. Y Dios llamó a la Luz Día, y llamó a las tinieblas Noche. Y hubo tarde y hubo mañana, día primero.

¿Qué significa: "y Dios separó la Luz de las tinieblas"? Debemos seguir los actos del Creador en nuestras correcciones. Por lo tanto, el primer mandamiento que tenemos que cumplir es el de sortear nuestros pensamientos y deseos en nuestro interior a fin de ver cuáles de ellos son puros - "cielo" - y cuales oscuros - "tierra". Este proceso se denomina Akarat HaRa (la conciencia del mal). Ocurre cuando comenzamos a analizar nuestras propiedades por medio del estudio de libros Cabalísticos y de las interacciones en el grupo Cabalístico. El primer paso hacia la corrección es contrastar las propiedades animalistas y las espirituales entre sí, y dividiéndolas y separándolas unas de otras. Este es el primer día del hombre, crear un humano dentro de sí.

El Segundo Día

Y Dios dijo: "Que haya un firmamento en medio de las aguas, y divida las aguas de las aguas". E hizo Dios el firmamento, y separó las aguas que estaban debajo del firmamento de las aguas que estaban sobre el firmamento, y fue así. Y Dios llamó al firmamento Cielo. Y hubo tarde y hubo mañana, día segundo.

Después de haber separado dentro de nosotros las propiedades egoístas y altruistas, tenemos que comenzar a corregirlas. Esto se hace utilizando la Luz especial del Creador, Quien emana dos tipos de Luz: la Luz de Jojmá y la Luz de Jasadim. Usando la propiedad de la Luz de Jasadim (misericordia), llamada "agua", dominamos la propiedad del otorgamiento, el altruismo.

"Tierra" es la propiedad egoísta para recibir y absorber todo hacia dentro, es nuestra naturaleza inicial. El agua es la propiedad del otorgamiento, y satura a la tierra y crea la oportunidad para que nazca la vida. La propiedad del otorgamiento corrige al egoísmo y nos permite usarlo correctamente, para beneficio personal y para beneficio de los demás. En el egoísmo, corregido por el otorgamiento, uno percibe al mundo Superior (el Creador) y ve sus vidas anteriores y el camino hacia el propósito de su creación. El alma es eterna y va de cuerpo a cuerpo. Por lo tanto, es precisamente donde se ven todas sus reencarnaciones anteriores. El que no ha corregido su alma no puede contemplar nada por encima de este mundo.

El Tercer Día

Y dijo Dios: "Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco"; y fue así. Y llamó Dios a lo seco, Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares; y vio Dios que era bueno.

Y dijo Dios: "Produzca la tierra hierbas, hierba que dé simiente; árbol de fruto que dé fruto de su especie, cuya simiente esté en él, sobre la tierra"; y fue así. Y produjo la tierra hierbas, hierba que da simiente según su especie, y árbol que da fruto, cuya simiente está en él, según su género; y vio Dios que era bueno. Y hubo noche y hubo mañana, día tercero.

Las aguas se reunieron bajo el cielo y la tierra seca apareció. Parte de la Tierra primordial sale de las aguas. Después de que el agua corrige a la tierra, se vuelve apta para que emerja la vida, porque ahora la tierra contiene tanto las propiedades del agua como de la Tierra. El agua también es tan devastadora para la vida como la tierra seca. Recuerde cómo Noé envió una paloma desde el arca para encontrar suelo seco. Precisamente la combinación adecuada de propiedades altruistas y egoístas de "cielo" y "tierra" dentro del alma del hombre constituye la base para la corrección y la aplicación de las propiedades del Creador dentro de un ser humano.

Esta corrección se denomina "Kav Emtzai" (la línea media). Nuestra naturaleza egoísta es llamada 'tierra' y representa a la línea izquierda. La línea derecha representa las propiedades del Creador, es decir, las propiedades del 'agua', del altruismo u otorgamiento. La línea media es precisamente la que el ser humano debe alcanzar, es decir, "elegir la vida". En otras palabras, uno tiene que tomar tanta "agua" como sea necesaria para combinarla con la "tierra" a fin de que estas dos líneas se complementen entre sí y rindan fruto. De esta combinación de propiedades de la tierra se gesta "El Árbol de la Vida", que representa a la persona espiritual que es capaz de sentir toda la creación y existe en todos los mundos feliz y eternamente.

Existimos eternamente porque nos identificamos con el alma eterna, y no con el cuerpo efímero. Comenzamos a sentirnos a nosotros mismos como el alma y a percibir nuestro cuerpo como una cáscara temporal. Esta transición hacia la auto-identificación con el alma en lugar del cuerpo es puramente psicológica y ocurre conforme el hombre logra la propiedad de Bina.
A CONTINUAR...

viernes, 4 de septiembre de 2015

Los Siete Días de la Creación (Segunda Parte)

Al ascender por los peldaños de la escalera espiritual, la creación se vuelve digna de recibir el placer que es muchas veces mayor al que sintió antes de descender a este mundo. Por otra parte, la creación debe tener la fuerza y la oportunidad para actuar libremente entre dos fuerzas opuestas, su propio egoísmo y el Creador y, después, elegir su camino de manera independiente.

Para situar estas condiciones a disposición de la creación, el Creador tiene que hacer lo siguiente:

- Distanciarse completamente de la creación,

- Proporcionarle la oportunidad de evolucionar y alcanzar esta Existencia,

- Proporcionarle la oportunidad de una libre elección.

El Creador nos da esas condiciones gradualmente. Inicialmente, la creación, sintiendo al Creador (llenada con la Luz) no es independiente. Está totalmente subyugada por la Luz y la Luz le dicta sus propias reglas y le transfiere sus cualidades. Con el fin de hacer que la creación sea independiente del Creador, Él debe distanciarse completamente. En otras palabras, la creación, liberándose de la Luz, gana la libertad de acción. El acto de expulsión de la Luz del Kli (vasija) espiritual se llama la Restricción.

La Torá comienza con las palabras "al principio" (Bereshit), que es el inicio del proceso de distanciamiento del Creador de su creación. La palabra Bereshit proviene de las palabras "Bar" - "fuera". Es decir, que relata la salida del Creador a una condición separada, entre el cielo y la tierra. "En el principio Dios creó el cielo y la tierra". El cielo es el Sefirá Bina con sus propiedades altruistas. La Tierra es el Sefirá Maljut con sus propiedades egoístas, terrenales. Nuestra alma se mantiene entre estas dos propiedades opuestas, que proporcionan la base para todo el sistema de existencia.

La Torá comienza con el nacimiento de la creación, el mundo Superior y la creación del hombre. No inicia con el final de la creación. La función de la Torá es dar a las personas de este mundo la instrucción sobre cómo elevarse a la altura del mejor estado, el más perfecto. En su estado inicial, la creación (el alma oAdán), no está corregida. Se debe corregir a sí misma y alcanzar el estado de "La Corrección Final". Imagine que usted tiene una herramienta rota que necesita para trabajar. Primero tiene que arreglarla, y sólo después usarla. Por lo tanto, la Torá nos enseña cómo reparar este instrumento roto: el alma que hemos recibido de lo Alto.

Durante la corrección, la persona existe entre dos mundos: Superior e inferior. En el proceso de corrección, el alma obtiene las habilidades, conocimientos y experiencia necesarios. Lo que es más importante, la persona adquiere nuevas sensaciones y propiedades espirituales nuevas. Cuando la persona corrige su alma por completo, adquiere propiedades que le permiten existir en el Mundo Superior en toda su totalidad, en la eternidad, paz y perfección.

Ni las fuentes cabalistas, ni la Torá describen este estado especial. Es imposible describirlo, pues no hay analogía alguna a ello en nuestro idioma. Sólo aquellos que pasan por todos los estados de la corrección preliminar y llegan a la Corrección Final alcanzan este estado. Lo que sea que esté más allá de la Corrección Final no está descrito en ninguna parte. Aquí es exactamente donde residen "Los secretos de la Torá".

Sólo hay algunas pistas en libros tales como El Zohar y el Talmud. Estos estados especiales, secretos, son llamados Maase Merkava y Maase Bereshit. Pero son sólo pistas. En realidad, estos estados ­- reinos espirituales­ - no pueden ser descritos en palabras, porque nuestras palabras, letras, y términos se han tomado de nuestro sistema de corrección y sólo son eficaces aquí. Somos totalmente ignorantes de lo que existe más allá de nuestro sistema de corrección, y eso no puede ser incorporado a un lenguaje humano y forzado en nuestro sistema de definiciones y creencias.

"En el principio, Dios creó el cielo y la tierra" se refiere a la realización de dos propiedades: el egoísmo y altruismo. La propiedad egoísta de "la tierra" se corrige con la ayuda de la propiedad altruista de "el cielo." El proceso de corrección consiste en siete estados, llamados "siete días de la creación". Naturalmente, este nombre es un nombre condicional. No tiene nada que ver con los siete días en la tierra, ni se refiere al día y la noche o la luz y las tinieblas en la Tierra. Más bien, se refiere a los estados y sensaciones espirituales de la persona que atraviesa estas etapas de corrección. Habla sobre el sistema en el que el alma se corrige mientras está en el nivel llamado "tierra".

Es necesario elevar al alma desde el nivel del Sefirá Maljut al nivel del Sefirá Bina. Esto significa que la propiedad egoísta de Maljut tiene que ser transformada en la propiedad altruista de Bina. Esto puede lograrse por medio de siete correcciones consecutivas llamadas "los siete días de la semana". La Torá explica lo que el hombre debe hacer con su alma "cada día".

A CONTINUAR...

PRIMERA PARTE - Las Siete Días de la Creación

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