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sábado, 16 de julio de 2016

¿Qué es Dios?


Dios no existe a menos que lo reveles. Porque de lo contrario sólo declaras que Él existe sin ninguna base y por supuesto, no puedes imaginar cómo es Él. Incluso si observas sus deseos, que están escritos en la Torá como mandamientos, que son Sus mandamientos y órdenes para ti, pero en realidad no lo describen.
De acuerdo con la sabiduría de la Cabalá, Dios es llamado Boreh, Creador, de las palabras hebreas ‘Bo – Reh’ – ‘ven y ve’, que significa algo que se logra con claridad, aparentemente por la vista, que es el sentido más preciso.
Aparte de este logro, antes de que se alcance nada, cuando la imagen del Creador aparece en los sentimientos, la raíz de todo lo que descubrimos en nuestros atributos corregidos, especialmente, en la medida en que los corregimos según nuestro propio estilo, no lo podemos lograr, se llama Atzmutó, Él mismo. Este nombre destaca Su desconexión de nosotros. Por nuestra falta de logro y conexión entre nosotros, es como si Él no existiera.
Los cabalistas también repiten que vuelven a lograr al Creador cada vez, de acuerdo al cambio de sus atributos, ‘Bo-reh’.

Insisto en esto porque hay una gran diferencia entre decir que hay un Creador y sentirlo de acuerdo con nuestra equivalencia de forma con Él, que es lo que la sabiduría de la Cabalá llama Creador, esto es lo que el Creador espera de nosotros.
(Rav M.Laitman, laitman.es)

miércoles, 6 de enero de 2016

¿Cómo puedo ser feliz?


Pregunta: Siempre escucho que el Creador es bueno y que hace el bien, pero yo no siento esto, ¿cómo puedo ser feliz?
Respuesta: Estamos acostumbrados a ser felices cuando sentimos que hemos ganado. Si el ego gana a cada momento, si es cómodo, bueno, cálido y agradable para mí y si, el dinero gotea en mi cuenta, “un centavo y un centavo se acumulan en una gran suma” (Baba Batra 9b) yo disfruto. Gracias a Dios todo está bien, pronto voy a tomar unas vacaciones, a navegar en un crucero de lujo, en Sabbat mi equipo de fútbol favorito juega; ¡hay mucho para disfrutar en la vida!
A esto le llamamos ‘placer’, pero ésta alegría, presente o en el futuro, es dentro del deseo de recibir. Es la forma en que vivimos. Si no siento alegría en el presente o en el futuro, estoy dispuesto a morir. Una persona no puede existir sin alegría, si no es ahora, entonces por lo menos la esperanza de alegría en el futuro. De lo contrario, ‘es mejor la muerte que vivir’ (Jonás 4: 3).
Ahora viene la pregunta, ¿cómo podemos ser felices en una situación en la que realmente queremos la revelación espiritual, pero no la tenemos? Si al momento no la tenemos, entonces todo es una esperanza para el futuro; ¿estoy seguro de que al final, la tendré? ¡Está claro que en el presente no tengo nada! ‘Un juez sólo tiene lo que sus ojos ven’ (Sanhedrín 6b), y veo que todavía no he descubierto el mundo espiritual, no lo entiendo y no lo siento.
Pero ¿estoy seguro de que voy a descubrirlo? Si estoy en un grupo y el grupo me irradia la confianza de que vamos hacia la revelación y vamos a llegar a ella, entonces ¡voy a estar feliz! Los amigos me dan la confianza de que vamos a tener éxito. Sin esto, no voy a poder avanzar; más bien, me limitaré a dormir todo el día, así no sufriré, porque en el momento que no tengo alegría y no la espero en el futuro y es imposible morir, lo que queda es sólo dormir, al menos no sentiré nada.
Esto es exactamente lo que le sucede a una persona. Es natural; no hay nada que hacer al respecto. El punto es ¿cómo podemos hacer frente a esto? ¿Cómo es posible estimular el entorno para que nos influya y podamos estar felices y llenos de energía? Para ello, depende de nosotros apreciar a los amigos y conectarnos con ellos. Además, juntos tenemos que despertar a la Luz que Reforma, para que nos estimule todo el tiempo y nos avive. Y entonces no sólo voy a estar excitado por las palabras de la gente, sino que voy a recibir la iluminación de arriba a través de ellos.
A esta iluminación se le llama ‘fe’. La fe es la energía que se invierte sin obtener nada a cambio. Parece que es imposible, pero la Luz me va a ayudar y me dará la posibilidad de hacerlo. A esto se le llama ‘fe sobre la razón’. De acuerdo con mi naturaleza, no estoy dispuesto a dar sin recibir algo a cambio. Pero si la Luz me da una característica como esta, entonces puedo. Y mi felicidad no se conectará a la satisfacción dentro de mi Kelim. Como se dice: ‘¿Quién es rico? Quien está contento con su suerte’ (Pirkei Avot 4: 1).
¿Cuál es su suerte? ¡Él no tiene nada! Pero es feliz. ¿Tal vez sea loco o estúpido? ¡No, realmente es la persona más rica y feliz! Los ricos no se sienten felices porque siempre quieren mayor riqueza y, no ‘están contentos con su suerte’. Se le llama ser rico y feliz a no necesitar nada; imagina el sentimiento maravilloso que es esto. Incluso los multimillonarios no se sienten así porque quieren más y más dinero. ¡Son las personas más pobres! Una persona común no tiene mil dólares ni millones ni miles de millones. Entonces, ¿quién es más pobre?, ¿quién necesita más? Todo depende del medio ambiente y de la iluminación de Ohr Makif (Luz circundante).

(De la tercera parte de la lección diaria de Cabalá, Escritos de Baal HaSulam)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Plegaria por el poder del otorgamiento

La plegaria es una petición al Creador para que me dé el poder del otorgamiento. El poder general del otorgamiento en el cual está basado el mundo, que habita en el interior del mundo; este es la base del mundo. Este poder es llamado el Creador, el Emanador, y es la base de toda la realidad. Si yo me vuelvo hacia este, sólo puedo pedirle el poder del otorgamiento ¿Que más podría darme?

Yo pido que este poder se acerque a mí, es decir, que influya más en mí con su poder de otorgamiento. Pero cuando el Creador comienza a afectarme con Su otorgamiento, yo puedo aferrarme a este de varias maneras. Si estoy listo para ello y tengo características similares, siento Su acercamiento como bueno, bueno para mí. Pero si tengo características opuestas, entonces percibo Su acercamiento como algo malo.

Entonces, existen dos formas de captar la Luz: como un “gallo” o como un “murciélago” ¿Por qué el murciélago pide la luz que será como oscuridad?

La plegaria es llamada elevar el MAN, “Mei Núkvin”. El deseo femenino, Nukva, mi deseo de recibir, quiere elevarse al nivel de Bina; está pidiendo que se le dé la característica del otorgamiento.

Lo que es llamado una plegaria, es cuando yo me dirijo al Creador, a la Luz, a la característica de otorgamiento, pidiendo que este otorgamiento habite en nosotros y se vuelva nuestra característica propia. Yo no puedo ser como el Creador, “una parte divina de Arriba”, pero quiero que Su característica comience a dominar en mí.

Mientras el Creador me ilumine a través de Su otorgamiento, esta característica se encuentra dentro de mí y hasta ese grado yo tengo esa característica. Pero si el Creador me quita Su otorgamiento, yo inmediatamente caigo. Es como si una fuerza magnética me sostuviera en el aire como una pieza de metal. Esta actúa en mí todo el tiempo, y entonces estoy suspendido en el aire. En el momento en que está influencia cesa, en el momento en que el imán deja de influir, la fuerza que sostiene la pieza de metal, y su campo desaparecen, entonces inmediatamente esta pieza cae.

Así recibimos nosotros también la fuerza de otorgamiento. No la recibimos directamente dentro de nuestra naturaleza; en su lugar siempre permanecemos con la naturaleza del deseo de recibir, como una pieza de metal suspendida en el aire. Esta puede estar suspendida en el aire sólo debido a la influencia de la Luz. Por lo tanto, la plegaria nunca debe detenerse; nosotros dependemos del Creador todo el tiempo


(De la preparación para la lección diaria de Cabalá, laitman.es)

viernes, 13 de noviembre de 2015

Alcanzar la Meta de la creación

"Es el deber del hombre alcanzar la Meta de la Creación corrigiéndose. La corrección consiste en  adquirir la intención de otorgamiento. En la medida en que uno tenga esta intención, uno recibe lo que el Creador ha preparado para él."  - Rabash, Artículo "La Esencia y la corrección de la creación" 

Hay dos fuerzas naturales en el hombre: el deseo de recibir y el deseo de otorgar, que corresponden al atributo del ser creado y al atributo del Creador. ¡Debemos unirlas correctamente e igualarlas!
Inicialmente nuestro deseo de recibir actúa solamente para su propio beneficio.  Igualarlo con el deseo de otorgar no significa cambiarlo, sino más bien cambiar la ejecución. Fuimos creados para corregir nuestra intención a “para el bien de mi prójimo o del Creador”, en todos nuestros 613 deseos.  El deseo de recibir permanece,  pero su cumplimiento necesita transformarse de “para nuestro propio beneficio” a “por el bien de los demás.” Esta corrección ocurre bajo la influencia de la Luz Superior Circundante (Ohr Makif), que desciende durante el estudio de la Cabalá.
De esta manera, el deseo de recibir se vuelve semejante al deseo del Creador de otorgar, y una persona alcanza la Meta de la creación - llega al atributo y al nivel del Creador – la sensación del deseo en un nuevo cumplimiento de eternidad y perfección. 
- Rav Michael Laitman

lunes, 9 de noviembre de 2015

¿Qué papel juega la fuerza de la naturaleza en el sistema global? VIDEO

¿Qué papel juega la fuerza de la naturaleza en el sistema global? Entre otras, hay una ley de la naturaleza que determina que un 10 % de las personas que nacen, nacen para dar, para ser altruistas. Pero ser más de ese porcentaje depende de nosotros. Vea en detalle esta respuesta y otras más, en este episodio de Contundente.

(Kab.tv, CanalCabala)

jueves, 29 de octubre de 2015

¿Cómo podemos salir de nuestro egoísmo para entrar al otorgamiento?

Nunca podemos estar satisfechos, así recibamos todo lo que deseamos. En relación a esto los cabalistas afirman que la única manera de ser plenos y felices es si logramos ser otorgantes pero: ¿Cómo podemos salir de nuestro egoísmo para entrar al otorgamiento?. Otras preguntas desarrolladas en este episodio de Contundente: ¿Qué es la paz y qué acciones nos pueden llevar a ella en este mundo?
(“Contundente”  reúne una serie de conferencias y entrevistas del Dr. Michael Laitman en países de habla hispana.)

(Kab.TV, CanalCabala)

viernes, 23 de octubre de 2015

¿Qué significa unión con el Creador?

La Cabalá nos explica que el cumplimiento correcto y consistente de las leyes espirituales nos conduce a la unión con el Creador.   ¿Sin embargo, qué significa la palabra unión?  En efecto,  debido a las limitaciones del tiempo, del espacio tridimensional y de los deseos del cuerpo, nuestros pensamientos no pueden concebir al Creador.  Por lo tanto, mientras que nuestros pensamientos estén restringidos por estas limitantes, no podemos ser objetivos.

A medida que el hombre trasciende su ego, se transforman el deseo de recibir, las definiciones del tiempo, espacio y movimiento.  Adquieren una dimensión espiritual.  A ese nivel, controlamos nuestro deseo de recibir, que ya no nos gobierna más. Nuestros pensamientos no dependen ya del deseo de recibir y,  por consiguiente, son objetivos.

De lo anterior se deduce que la Cabalá le permite al hombre adquirir en sus atributos y sus acciones una equivalencia con el Creador,  que es el medio para acercarse a Él.  La sabiduría nos aconseja adherirnos a Sus actos, ser bondadoso, afectuoso y tan humilde como es Él.  ¿Cómo podemos estar seguros, sin embargo, que las acciones del Creador y el Creador mismo son iguales?  Lo que es más, ¿por qué tengo que adherirme a Él imitando sus actos?

En el mundo físico, la unión o la adhesión, son consideradas como un acercamiento entre los objetos, mientras que la separación se caracteriza por el alejamiento de un objeto con respecto a otro.  En cambio, en el reino espiritual no existen los conceptos del tiempo, el espacio o el movimiento. Por este  motivo la equivalencia de los atributos entre dos objetos espirituales ejerce una atracción entre ellos y la diferencia de los atributos los separa. No puede existir adhesión o separación (al contrario del mundo físico) ya que el objeto espiritual por sí mismo no tiene volumen.

Lo mismo que un hacha parte un objeto físico en dos,  la aparición de un nuevo atributo en un objeto espiritual lo divide en dos.  Así es que si la diferencia de atributos es insignificante,  los objetos espirituales estarán cerca.  Entre mayor sea la diferencia de los atributos,  más grande será la distancia que los separe.  Si experimentan amor el uno por el otro, espiritualmente están  "cerca" y la distancia entre su envoltura material no tiene importancia.  La relación entre ellos la va a determinar la afinidad espiritual.

Si a alguien le gusta algo que otra persona detesta, la distancia entre los dos dependerá de la divergencia de ideas y de sentimientos.  Si a uno de ellos le gusta todo lo que el otro detesta, se les va a  considerar como totalmente opuestos.

Vemos así que en el mundo espiritual (el mundo de los deseos)  la semejanza o la diferencia entre las aspiraciones, los deseos, las ideas y los atributos es como el hacha que parte la espiritualidad en fragmentos.  La distancia entre los objetos espirituales la determina el grado de desigualdad de los sentimientos y los atributos.

En consecuencia, si seguimos la voluntad del Creador, nos adherimos a Sus sentimientos, Sus pensamientos, nos acercaremos a Él.  Puesto que el Creador sólo obra por el bien de sus criaturas, de igual forma debemos desear lo mejor al prójimo y ser bondadosos con todos.  Desde luego, como vivimos en un mundo material, todo lo que necesitamos para la supervivencia del organismo no se considera una manifestación de egoísmo.

¿Podemos hacer el bien a los demás sin rastro de egoísmo?  Después de todo,  el Creador nos creó como egoístas absolutos con un deseo de disfrutar. No podemos modificar nuestra naturaleza y aún cuando nos portemos bien con todos, intentamos beneficiarnos con ello consciente o inconscientemente.  A menos que obtengamos algún provecho no daremos un solo paso en pro del prójimo.

En efecto, los hombres no tienen poder para transformar su naturaleza egoísta, mucho menos transformarla en algo totalmente opuesto (hacer prueba de bondad sin esperar una retribución bajo la forma de reconocimiento,  tranquilidad, notoriedad o dinero).   Por esta razón se nos dio el método para cumplir las leyes espirituales con la Cabala. No existe otro procedimiento que pueda cambiar nuestra naturaleza.

El cuerpo y sus órganos forman un solo conjunto intercambiando sin cesar sensaciones e información.  Por ejemplo, si el cuerpo advierte que uno de sus componentes puede mejorar las condiciones generales del organismo entero, este componente de inmediato lo registra y satisface el deseo.  En caso de que alguno de sus componentes sufra, el organismo de inmediato lo percibe e intenta resolver la situación.

A partir de este ejemplo,  podemos comprender el estado del hombre,  o más bien el estado del alma que logra acceder a la unidad con el Creador.  Antes de encarnarse el alma formaba parte de un todo con el Creador.  Desgraciadamente,  una vez encarnada, el alma se separa completamente de Él debido a la diferencia que existe entre los atributos del Creador y del organismo.

Lo anterior significa que al conferir la sensación de egoísmo al alma, el Creador creó algo distinto fuera de Él,  puesto que los diferencia en el deseo separa los objetos en el mundo espiritual.   En consecuencia, el objeto (el alma)  y el egoísmo  (el cuerpo)  se convierten en elementos separados.  De igual forma, el hombre se encuentra muy alejado del Creador como si al cuerpo se le hubiera seccionado un órgano.  Es tan grande la distancia que los separa que el hombre sólo puede creer en Él mas no puede conocerlo.

De esta forma,  si logramos unirnos al Creador mediante la equivalencia de nuestros atributos con los Suyos  (que conseguiremos si cumplimos las leyes espirituales y cambiamos nuestro egoísmo, que es lo que nos separa del Creador, por el altruismo)  nos adentraremos en Sus pensamientos, y en Sus deseos.  Descubriremos los secretos de la Cabalá ya que los pensamientos del Creador son los secretos del universo.


("Conceptos Fundamentales de Cabalá", Rav. Dr. Michael  Laitman, kabbalah.info/es)


Material relacionado:

martes, 6 de octubre de 2015

¿Milagros y pases mágicos?

“…porque es cierto y verídico que el Señor Mismo pone la mano del hombre sobre su buen destino, o sea que le proporciona una vida de goce y deleite, dentro de una vida material llena de sufrimiento y dolor, vacía de todo contenido –que inevitablemente le causa desplazarse y huir de ello cuando ve aunque sea un vislumbre desde las ranuras de un lugar de tranquilidad para refugiarse allí de esta vida más dura que la muerte– que no hay una toma de mano mayor que esta, de parte del Señor”.
Baal HaSulam, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”, ítem 4

Todos nosotros esperamos un milagro, algo que nos lleve tan solo por un momento, fuera de los límites de la opresiva realidad. Sin embargo, el milagro verdadero no se da por arte de magia, sino por un cambio de nuestra naturaleza a otra de otorgamiento, por el deseo de elevarnos espiritualmente.

Aquí y allá escuchamos manifestaciones fuera de lo común, desde milagros médicos, rescates inexplicables de un peligro e incluso de muerte, hasta hechizos.
Sin embargo, si profundizamos en el concepto de “milagro”, resulta confuso e ilógico para nuestro entendimiento.

Si es algo imposible, ¿cómo es que se produce? Ciertamente las cosas imposibles no pueden pasar… Entonces, ¿por qué tenemos la esperanza de que ocurran? En realidad, responde a una necesidad emocional de buscar algo más allá de nuestra vida y existencia, algo mucho mejor.

Hoy día, es fácil explicar muchos fenómenos que en el pasado se consideraron imaginarios o milagrosos. Un nativo africano vio un pájaro enorme de metal que llegaba desde el cielo. Si nosotros estuviéramos en el lugar, veríamos que es sólo un avión Boeing aterrizando. Siendo así, el concepto de milagro depende de nuestro conocimiento de la realidad; es algo relativo, ya que lo percibido por una persona como algo común es un milagro en otro lugar o para otra persona. Por ejemplo, si viéramos a nuestro vecino flotando en el aire, pensaríamos que nos volvimos locos, pero en la estratosfera, donde la fuerza de gravedad es nula, sería absolutamente posible.

LIMITADOS POR CINCO SENTIDOS E INTELECTO

No existen milagros en nuestro mundo, sino que todo es constante, producido según la Legislación Superior, que espera ser descubierta por nosotros. Ya se escribió sobre esto:
“Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9).

Captamos la realidad infinita en forma limitada, a través de nuestros sentidos e intelecto. Por lo tanto, cualquier fenómeno que no pueda ser explicado lo interpretamos como un milagro. Los científicos hablan de nuestra percepción de la realidad como relativa. El tiempo, la masa y el espacio se definen y cambian en relación a la luz, siendo ésta constante. Cuanto más se acercan, a la velocidad de la luz, la masa se transforma en infinita, el espacio y el tiempo, simplemente desaparecen. Además, según la física cuántica, algo puede existir al mismo tiempo en distintos lugares y estados.

EN EL MUNDO ESPIRITUAL, EL MILAGRO ES LEY

El mundo espiritual está fuera de los límites de nuestra percepción. En nuestro mundo, todo se hace de acuerdo a leyes de recepción, del ego, mientras que en el mundo espiritual, todo ocurre de forma ilimitada e infinita, y se maneja de acuerdo a leyes de amor y otorgamiento, la física espiritual.

Cuando alcanzamos la Fuerza Superior, entendemos que no hay milagros, sino que interpretamos así ciertos eventos porque estamos todavía en un nivel en el que no podemos percibir la Naturaleza Superior. O sea, estamos limitados a nuestra estrecha dimensión física que somos capaces de captar. Por eso, lo que a nosotros nos parece como un milagro es una realidad clara en la espiritualidad; una ley real de la Naturaleza.

SIN MILAGROS NI PASES MÁGICOS

La sabiduría de la Cabalá menciona a menudo el concepto de milagro. Nosotros conocemos explicaciones superficiales de lo que es, como los milagros de Jánuca (Fiesta de las luminarias), del Éxodo de Egipto y de Purim.

En la espiritualidad, sin embargo, éstos tienen un significado distinto: representan el proceso profundo e interno que pasa el individuo en su camino espiritual. La condición para percibir la realidad espiritual es que la persona tenga un anhelo suficientemente fuerte para transformar sus Kelim o vasijas de percepción (receptores, sentidos) de egoístas a altruistas. Cuando esto pasa, la Fuerza Superior complace el deseo de la persona de ser “otorgante” como Ella, y le hace un “milagro”, aquí en este mundo.

Así, cada vez que subimos un grado espiritual –adquiriendo una capacidad más grande de dar–, se nos hace un “milagro”. Sin embargo, cuando alcanzamos la Naturaleza Superior, ya no nos referimos a ello como milagro, sino como una ley natural simple.

Hoy día, todo el mundo espera algún milagro. Abundan programas televisivos con videntes y hacedores de milagros. En cierta forma, quisiéramos escaparnos de la realidad y llegar a algo más elevado que hasta ahora no hemos experimentado. El verdadero milagro, que es el cambio de nuestra naturaleza por una de otorgamiento, se producirá únicamente si deseamos férreamente unirnos a la Fuerza Superior. Sólo entonces, romperemos la barrera de nuestra naturaleza, transformándola en una espiritual, de otorgamiento.

Entonces, nos sentiremos “en las nubes”. Esto no significa que flotaremos por los aires o estaremos en otra dimensión, sino que experimentaremos una realidad cotidiana mejorada. Todo pasará aquí, en nuestro mundo, sin milagros ni pases mágicos. Comenzaremos a vivir de acuerdo a leyes espirituales, y de esta manera la realidad material y la espiritual se unirán en una sola sensación de plenitud y eternidad.

Por Rav Dr. Michael Laitman

(La Voz de la Cabalá, kabbalah.info/es)

jueves, 10 de septiembre de 2015

De la recepción al otorgamiento

Hay dos fuerzas en la naturaleza: la recepción y el otorgamiento. Estas dos fuerzas forman imágenes en nuestro deseo de disfrutar, como en una pantalla de ordenador. Proyectan la imagen del mundo, que se compone de mí y de todo a mí alrededor. Como escribe Baal HaSulam, en la parte posterior de nuestro cerebro hay una pantalla, a través de la cual se percibe una imagen del mundo.

Esta imagen se ha creado con la ayuda de dos fuerzas: una de recepción (izquierda) y otra  de otorgamiento (derecha). La combinación de ambas sobre mi material egoísta muestra la imagen completa de lo que es la realidad para mí. Puedo sentirlo, veo una imagen, por así decirlo, y tengo la impresión de que esta imagen, esta realidad, existe fuera de mí. Yo mismo proyecto mi imagen interna frente a mí. Así es como “veo el mundo.” Es como si la recuperara desde dentro de mí mismo y la proyectara hacia fuera.

¿Por qué estoy construido de esta manera? ¿Por qué veo mi mundo interior en una forma externa? Es para que podamos tratarlo egoístamente, con abandono y hostilidad. De esta manera, recibimos la oportunidad de estudiar nuestro mundo interior y corregirnos a nosotros mismos.

Si yo lo sintiera como dentro de mí, nunca sería capaz de corregirme porque me relacionaría con todo de una manera positiva, con bondad, pero únicamente de forma egoísta. Sin embargo, ahora que mi ego sale al exterior y creo que es extranjero, me relaciono con mi “yo externo” como con un extranjero, egoístamente, de una manera negativa, en lugar de positivamente, como es mi interior. Por lo tanto, tengo la oportunidad de entender lo que  ”externo” e “interno” significan para mí.

El mundo fue dividido en dos partes: yo y los demás. No puedo convencerme de que algo que existe fuera de mí, en realidad es mío. Me dan la oportunidad de ver mi esencia interior en la imagen exterior: “Ven y mira quién eres y cómo tratas a los que te rodean. Así es como eres por dentro. Puedes decir: “¡Mira qué fea es ésta, qué vago el otro, qué tonto el de más allá!  ¡Les odio tanto!” Pero, todas estas cualidades están en ti y no en los demás.

Estas revelaciones me ayudan. De lo contrario, nunca sería capaz de revelar por completo la  ”inclinación al mal” (el deseo egoísta, el odio por todo el mundo) y más tarde, entender que éstas son mis cualidades internas, las cuales se proyectan en el exterior.

Entonces, empiezo a entender cómo me ayuda el Creador, dándome esta percepción de la realidad: ver mis entrañas expuestas ante mí. Empiezo a entender lo mucho que esto me ayuda, y que sin ello, estaría completamente bloqueado dentro de mí y nunca sería capaz de entender lo que es el “yo”. Mientras tanto, hay algo aquí, “algo en mí que no considero como ‘yo’”.

Por lo tanto, todo nuestro trabajo se reduce a la unificación de nuestro ser interior con nuestro yo exterior, con el mundo exterior y, en particular, con el grupo. Podemos practicar con el grupo. Después de todo, cuando empiezo a trabajar con el grupo e intento tratar a los amigos como yo, veo que soy incapaz de unirme; no importa cuánto trate de convencerme de que todo esto que está fuera de mí, soy también yo. Ni siquiera puedo tratar una pequeña parte de la humanidad, el grupo, cuyo objetivo está cerca del mío, como yo. No puedo relacionarme con él por encima de mi mente egoísta.

En este sentido, empiezo a ver este egoísmo como algo que fue creado artificialmente por el Creador, en concreto para su anulación. Sin embargo, no puedo hacerlo por mi cuenta, sólo puedo desearlo y, después, pedir al Creador que lo haga desaparecer (el egoísmo). ¿Por qué se pide? Con el fin de recibir una conexión con el Creador.

“¿Cómo puede ser esto?” ¡Entiende que ellos eres tú! Trátalos con amor, puesto que son partes de tu alma.
“¡Pero no puedo!” Ellos son tus amigos, tu prójimo. Están avanzando hacia la misma meta que tú. ¿Qué les separa de ti, después de todo? “Nos separa la fuerza de la ruptura. El Creador lo puso como un obstáculo, y no puedo superarlo”. Es entonces cuando le pides al Creador que corrija esto en particular. Pides por la corrección y por poder incorporar a todo el mundo dentro de ti.


(Extracto de la Lección Diaria de Cabalá, El Zóhar, laitman.es)

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Alcanzar la Plegaria de Muchos

PREGUNTA: Para alcanzar la plegaria, ¿esto es el trabajo individual de la persona o el trabajo de todo el grupo?
Rav M.Laitman: Por supuesto que es el trabajo compartido de todos nosotros. ¿De dónde conseguiría fuerzas para esto? Si no me identifico con el dolor de la comunidad, no sería capaz de alcanzar la plegaria.
De lo contrario gritaría por mí mismo pero, para esto no recibiré una respuesta de arriba. Debo transmitir al Elyón (Superior) el pedido de los demás, la Plegaria de Muchos. Es llamado así porque yo grito por los demás y no porque muchas personas griten.
Los ¨muchos¨son mis propios deseos que se proyectan en mí como extranjeros. Yo grito porque quiero acercarme a ellos, sentirlos como me siento, alcanzar el amor de los demás como a mí mismo y conectarme.
Yo no grito porque sea malo para ellos y el Creador necesite ayudarlos, aunque esto también es un plegaria, como se dice: ¨Aquel que reza por su amigo, se le responde primero¨ (Baba Kama 90b). El asunto principal es, cuando los veo como partes de mí y estoy conectado con ellos, a ese grado estoy conectado con el Creador.
Después de todo, pido que el Creador sea misericordioso con ellos y que resuelva sus problemas, entonces, de esta manera Lo culpo porque los maltrata y estoy pensando que Él es cruel y, Le estoy pidiendo algo bueno para ellos. Pero, no puedo dirigirme al Creador de esta manera y no tendré equivalencia de forma con Él si no decido que Él es misericordioso y clemente.
Entonces, una verdadera plegaria no es un pedido de que algo bueno se deba hacer por otros. ¿Cómo puedo pedir al Creador que haga algo bueno si, Él es el bueno que hace el bien? Yo pido que Él establezca tal conexión en nosotros, de tal forma que todos nos adhiramos a Él. Esta es la plegaria completa, no hay nada más que pedir.
Si yo veo algo malo, esto es porque hay una brecha, se descubren las fuerzas del Shevirá (rompimiento). Y el Shevirá está dentro de mí, entonces, veo la realidad como mala. Así, pido que todos nosotros seamos capaces de adherirnos al Creador y darle placer. Después de todo, somos tan despreciables que no estamos preparados para aceptarlo a Él como realmente es: el bueno que hace el bien.
Esto significa que no Le pedimos que nos haga el bien porque en todo caso nos encontramos en una situación óptima para nosotros. Le pedimos por la conexión de nuestra visión y sensación distorsionada, entonces, no culpamos al Creador como un niño pequeño que grita, ¨¡mamá mala!¨.
PREGUNTA: Pero, ¿qué se debe hacer con una inclinación al mal que constantemente proclama que todo está mal?
Rav Laitman: La persona debe tratar de elevarse por encima de su inclinación al mal y no anularla. Necesitamos  elevamos por encima de esta y estar más arriba que esta porque, los deseos de otorgamiento deben estar por encima de los deseos de recepción. Incluso, está prohibido extinguir los deseos de recepción; porque entonces los deseos de otorgamiento no podrían existir.
Sin el Yetzer HaRá (inclinación al mal), ¿con qué nos quedamos? El Yetzer HaTov (la buena inclinación) no puede existir en nosotros porque este es el Creador, el deseo de otorgar. Yo no puedo ser el Yetzer HaTov; el Yetzer HaTov puede existir dentro de mí sólo al grado en que este conduzca al Yetzer HaRá.
El Yetzer HaRá me asegura la separación del Creador, la independencia. Y el Yetzer HaTov  que lo controla, me da la forma del Creador. Sin embargo, sólo puedo pedir que elYetzer HaTov  domine al Yetzer HaRá  dentro de mí. Sólo la Luz Superior puede llevar a cabo esto; Yo por mi mismo, no soy capaz de hacerlo. Esto no está en mis fuerzas.
Yo sólo puedo aclarar que esto es lo que se requiere de mí. Yo alcanzo tal posibilidad como resultado del Shevirá, el cual construye la conexión entre el deseo de recibir y el deseo de otorgar. Entonces, alcanzo la posibilidad de aclarar, analizar, diferenciar entre el uno y el otro. La Luz Superior empieza a iluminar estos conceptos para mí y veo qué es bueno y qué es malo.
(De la preparación para la lección diaria de Cabalá, laitman.es)

sábado, 8 de agosto de 2015

El deseo se diferencia por su calidad


Nosotros pensamos que el deseo se diferencia por su tamaño: que puede ser grande o pequeño. En realidad, cambia sólo por su esencia, por su calidad.
En las cuatro etapas de la creación (las cuatro etapas de Luz Directa) podemos percibir que el desarrollo del deseo no está en su tamaño, sino en el desarrollo de su calidad. No determinamos el tamaño del deseo por su volumen. Hablamos sobre su calidad, su nivel de semejanza con Creador: Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jayá, Yejidá.
La dimensión y la calidad existen en relación inversa: cuando el deseo es más cualitativo, existe en menor cantidad, en menor dimensión; como en una pirámide. Hay pocos materiales únicos: cualidades y personas especiales en la Naturaleza, pero de lo sencillo existe una gran cantidad.
En la espiritualidad hablamos sobre la calidad del objeto y no de su dimensión; sobre aceleración, en lugar de velocidad. El tamaño del deseo se determina por su calidad y no por su cantidad.
Surge una pregunta: ¿si el deseo no cambia en cantidad, qué hace que cambie en calidad? ¡La Luz Superior que actúa en él!
¿Qué significa un deseo grande o pequeño? Se determina por qué tanto se acerca a la perfección en el  atributo de otorgamiento.
Durante un mes he crecido, es decir me volví más otorgante y no más grande en volumen.  Podemos decir lo contrario: entre más crece la persona en la espiritualidad, menos “se infla”. Como está escrito: “La sabiduría hace modestos”.
Los cambios espirituales son solamente cualitativos, tanto entre los objetos como entre las categorías temporales. Y las cualidades se determinan sólo por su intención de “recibir” u “otorgar”.
(Extracto de la lección sobre el artículo "La sabiduría de la Cabalá y su esencia", laitman.es)

Material relacionado:
Un buen hábito: el deseo de otorgar
Tikkún - La corrección del deseo de recibir
Cuatro niveles del desarrollo del deseo de recibir

jueves, 30 de julio de 2015

Un buen hábito: el deseo de otorgar



Todos saben que el hábito se vuelve una segunda naturaleza. Digamos que quiero aprender algún oficio y me ofrezco como aprendiz de tornero o de carpintero. Aún no estoy familiarizado con el material, y gradualmente se me enseña cómo trabajar con este. Es decir, adquiero habilidades (hábitos) en el trabajo y comienzo a sentir el material: Cómo se comporta en respuesta a lo que hago con este y cómo trabajarlo mejor.

Con la experiencia, obtengo una sensación adicional del material que toco. Es cuando decimos que el hábito se vuelve mi segunda naturaleza. Y las cosas que previamente no me eran familiares, las cuales eran incomprensibles, imperceptibles, e indistinguibles, comienzo a sentirlas y a reconocerlas mejor. Incluso discierno los detalles a los que previamente no prestaba atención en absoluto y se me escapaban.

Claramente, nada sucede sin una causa, ¿entonces por qué el hábito de pronto se vuelve mi naturaleza? Esto es siempre la Luz que está trabajando en nuestra materia, nuestro deseo de disfrutar. De acuerdo con la aspiración del hombre, con su deseo de llegar a cierto estado, la Luz trabaja en él y lo acerca a este estado, permitiéndole entenderlo y sentirlo.

Así nos hemos desarrollado a través de nuestra evolución durante miles de años: todo debido a los hábitos que eran parte de nuestra naturaleza. La Luz estaba detrás de cada deseo y ayudó a implementarlo. El deseo atrae la Luz, el hombre evoluciona por esta causa, y así crecemos.

Vemos cuántas veces un niño repite la misma acción, hasta que él o ella finalmente se acostumbran a ello (aprenden) y dejan de hacerlo. Los niños pequeños parecen hacer tales cosas absurdas, pero para ellos es absolutamente necesario, y es la naturaleza que los empuja a ello porque así es como se supone que deben crecer.

Nosotros, también, crecemos constantemente bajo el contraste de estados opuestos, los altos y bajos, una sensación de deficiencia y su llenado. Tal es el camino.

¡Encontramos difícil de creer que incluso ahora estamos en el mundo del Infinito! Pero con la ayuda de los altos y bajos que experimentamos, comenzamos gradualmente a acostumbrarnos a esta idea. Al fin y al cabo, vemos que la apariencia del mundo depende de los ojos con los que lo vemos. Cuando me levanto de buen humor en la mañana, me parece que todo está bien y que todo el mundo es bueno. Y si algo estropea mi buen humor, el mundo inmediatamente se vuelve malo.

Y aun así al mismo tiempo, nuestras propiedades no cambian; es solo su equilibrio el que se mueve ligeramente. Si comenzamos a cambiar nuestras propiedades, entonces, como dicen los cabalistas, vemos mundos muy diferentes, una realidad diferente.

Todo depende de la persona que la alcanza. Pero la realidad en sí es la misma Luz de Infinito, y ves lo que puedes atraer para ti en este momento en segundo plano. Esto define tu mundo: un grado de ocultamiento de la Luz de Infinito, en la cual estás actualmente presente de acuerdo a tus propiedades. Entonces, si queremos ser similares a esta Luz y otorgar como ella lo hace, podemos atraer la Luz que Reforma que nos corregirá y transformará nuestro deseo de disfrutar. Y querrá existir en la forma de otorgamiento.

Esas acciones se convertirán en nuestro hábito. Pero este hábito siempre se opone a nuestro deseo y requiere esfuerzo, hasta que revelemos en nosotros mismos tales propiedades en las cuales experimentaremos la forma del otorgamiento, la forma del Creador. A esto se le llama la revelación del Creador a los seres creados.

Todo sucede en virtud del hábito que se vuelve una segunda naturaleza. Nos entrenamos para despertar en nosotros el deseo con la ayuda del entorno y de los estudios, con el fin de acercarnos al otorgamiento desde un estado muy distante de este.

(De la lección diaria de Cabalá, Shamati # 7, laitman.es)

domingo, 19 de julio de 2015

Boreh significa "Ven y Ve"



El Creador es el atributo de otorgamiento que se revela en el deseo corregido de una persona, en su intención de otorgar. Por lo tanto, nuestra única tarea es desarrollar esta intención de otorgar conectándonos entre nosotros. Entonces, revelaremos al Creador, el atributo de otorgamiento y amor que se encuentra dentro de esta conexión.
En hebreo, al Creador se le llama Boreh, que se compone de las palabras Bo y Reh: “ven” y “ve”. ¿Qué significa eso? “Ven”, quiere decir cambiar el deseo de recepción por el de otorgamiento. En ese momento, el deseo de otorgar que se alcanza (o el deseo de otorgar para otorgar, Galgalta Einaim) y amor (recibir para otorgar, AHP) se convierte en alcance y revelación del Creador.
Dicho de otra forma, el Creador es la fuerza que nos conecta unos a otros. Por consiguiente, la conexión entre nosotros es lo que nos revela al Creador.  Si nos conectamos a través del amor mutuo, entonces sentiremos la fuerza de otorgamiento en nuestro interior. Esta es la fuerza del Creador que se revela entre nosotros.
El Creador es la fuerza que nos conecta uno con el otro. La Luz Superior nos ha dotado con el poder de otorgar unos a otros y al otorgar entre nosotros y conocer esta Fuerza Superior, alcanzamos al Creador. ¿Cómo ocurre esto?
Al otorgar uno al otro, alcanzamos el atributo de otorgamiento y de esta forma alcanzamos la fuente de la fuerza de otorgamiento, porque contiene su origen más elevado, Keter. Así es como el Creador se revela en nuestro interior, o en nuestro deseo. Él Se revela en la parte superior del Kli, que es la razón por la cual a la revelación se le llama “una revelación desde arriba”. La revelación ocurre en Keter, con respecto a la parte inferior del Kli que es Maljut.
Por esta razón los cabalistas lo llamaron a Él, “Bo-reh”, “Ven y ve”. Cuando se asciende de abajo hacia arriba por medio de la Luz Reflejada, se asciende a partir de nuestra naturaleza, “el deseo de recibir”, a la naturaleza del Creador, “el otorgamiento”. Entonces, se alcanzan las diez Sefirot completas de la Luz Directa. Se alcanza la actitud del Creador hacia él así como al Creador Mismo, la raíz de todo.
Así es que resulta que aparte de nuestra alma (que consiste de 10 Sefirot) no hay nada más que revelar. Eso es todo lo que fue creado, y sentimos al Creador dentro de esta creación.
(laitman.es)

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¿Quién es el Creador?
Los nombres del Creador

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