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sábado, 14 de noviembre de 2015

Historia de la violencia


Conductores que chocan y escapan, mujeres asesinadas frente a la vista de sus hijos, ancianos golpeados brutalmente y asaltados en sus propias casas, son sólo una parte de la ola de violencia que va creciendo. Violencia - ¿por qué ocurre, y cómo podemos enfrentarla?

Por Duddy Aharoni

Me he aterrorizado al descubrir últimamente que el homicidio dentro de la familia se está convirtiendo en algo que tomamos como parte de la rutina. Si a esto le agregamos la abundancia de casos de homicidio por razones románticas y asuntos entre criminales, recibimos una preocupante imagen del estado de la sociedad y de la seguridad del simple ciudadano. Y si aun no se han convencido, nomas abran las páginas de los periódicos y vean los casos allí publicados diariamente.

Fenómenos aterradores de cruel violencia volcada hacia ancianos y mujeres, violencia entre adolescentes e incluso violencia en las canchas deportivas se han convertido en una norma social.

Da la impresión que se han cruzado ya todas las líneas rojas y han desaparecido todos los límites, y existe la sensación de que no hay guardián en el portón.

Es cierto que la violencia en la sociedad no es algo nuevo, pero las dimensiones a las que ha llegado no tienen precedente.

Parecería que la “mecha” que enciende la ira va acortándose, y las personas permiten que su frustración interna se manifieste muy rápidamente. Esto sobresale especialmente en la generación joven, que ha perdido las riendas y ya no tiene ningún temor de la ley y de sus aplicadores. Hoy, mucho más que nunca, estamos expuestos a una severa violencia en los medios de comunicación, en la calle, y el propio hogar no siempre es el sitio que nos da protección y calidez.

¿Qué nos ha sucedido que nos tornamos tan violentos?

Sociedad, Cabalá y el significado de la vida

Es natural que un bebé comience a llorar cuando su juguete colgante deja de rotar, y no es casualidad que los niños aprendan tan rápido a decir “más”.

Según la sabiduría de la Cabalá, por naturaleza, la persona busca satisfacción, fue creada para disfrutar. Esto está escrito en el libro del Zohar (El libro del Esplendor): “La meta de la Creación es dar goce a los creados, dado a que es la naturaleza del Bien ser benefactor”. A esto agregó Baal haSulám (apodo de Rabí Yehuda Ashlag, compositor de la interpretación “Escalera” del libro del Zohar) – “este único pensamiento rodea toda la realidad en una unicidad completa…porque ella es toda la meta de la Creación” (del libro Talmud de las diez Sefirót).

Para permitirnos disfrutar existe en nuestro interior el ego – un mecanismo que nos empuja a querer más y más, y nos provoca sentir un vacío interno cuando no está satisfecho. Lo maravilloso de este mecanismo es que cada vez que conseguimos nuestro propósito, el placer desaparece y se crea en nosotros un vacío mayor que pide llenado. ¿Por qué es esto maravilloso? Porque así nosotros no nos contentamos con poco y podemos avanzar hacia un placer mayor que nos espera a continuación. Gracias a ese “programa interno” que busca el próximo placer, nos hemos desarrollado naturalmente durante miles de años en la ciencia, la cultura y la espiritualidad. A través de la historia, fue el ego el que nos ha motivado.

No obstante, en esta generación, algo se trastocó. Un rápido resumen de los titulares periodísticos o un simple vistazo a lo que sucede en las calles, revelará que en nuestra generación, el ego humano estalla en niveles de violencia aun no vistos. ¿Por qué?

A esto ya se refirieron cabalistas importantes como Rabí Shimon Bar-Yochai, el sagrado ARÍ y Baal haSulám. En sus composiciones describieron nuestra época como una época especial, en la que el ego humano sufrirá un salto agudo en el desarrollo, y demandará un nuevo y desconocido llenado. La generación joven, así escribieron, tampoco se contentará con lo que el mundo tiene para ofrecer – dinero, honor, control o distintos placeres físicos – y buscará otro tipo de llenado, más interesante, más elevado.

Desde esta gran y nueva carencia que se revelará, se formará una etapa intermedia en la que muchos sentirán desesperación, falta de propósito e incluso depresión. Esa misma sensación de frustración, que proviene de la incapacidad de llenar el ego en desarrollo en forma continua, es la que hoy conduce más y más personas a sentir que “no hay lo que perder” y es, de hecho, la razón principal por la que se rompen los límites sociales que nos restringían. Una persona frustrada, que no puede sobrellevar más la carga que se ha ido acumulando en su interior, puede encontrar la manera de quitarse la frustración por medio de la violencia. Es posible, incluso, que ni siquiera sea consciente de ello.

Entonces, ¿qué se hace? ¿Cómo podemos enfrentarnos de otra forma con este ego eruptivo?

Uso correcto del deseo de recibir – el Ego

Como primer paso, debemos dejar de referirnos a la efervescente violencia como si se tratara de casos aislados y excepcionales, más debemos asimilar que se trata de un problema social dramático, que ocurre por no poder encontrar una respuesta al vacío interior que se ha expuesto en esta generación. Al entender que no se trata ya de un fenómeno marginal que caracteriza ciertas poblaciones, debemos ser sinceros y examinar si nuestro sistema educativo es adecuado para esta generación, y si puede da respuestas a la frustración que va en aumento. Debemos enfrentarnos a la raíz del problema, y no contentarnos con el tratamiento de los síntomas.  Mientras sigamos oprimiendo a la nueva generación con distintos métodos e ignoremos el verdadero problema que le fastidia, la frustración irá en aumento, y así también los estallidos de furia. Para crear un verdadero cambio en nuestra sociedad, debemos examinar nuevamente todos los sistemas sociales, incluso el sistema jurídico y el legislativo, y adaptarlos al nuevo estado.

Para que toda la sociedad, especialmente los líderes de opinión pública, comprenda qué es lo que estamos enfrentando, hay que mantener un debate público integral y abierto, acompañado de un proceso de examen profundo y al descubierto en los medios de comunicación y en las escuelas. Cuando logremos dar este paso, se formará, al fin, una base común que conectará entre las generaciones. Es posible, y debiéramos utilizar el ego que está irrumpiendo como un trampolín hacia un mejor futuro. Pero para consolidar un camino apropiado para enfrentarse a este ego, debemos implementar procesos de pensamiento y métodos mutuos de acción.

Así han dicho los cabalistas más destacados - precisamente en nuestra generación es que se presenta la oportunidad de revelar el método del uso correcto del ego, y por este medio erradicar la violencia de forma natural. Cuando encontremos la respuesta a la pregunta  sobre el significado de la vida – una pregunta que es ya formulada en nuestra época por niños pequeños -  podremos crear aquí una sociedad distinta, amante y feliz, que contiene una unión entre las personas. ”En el  momento que la humanidad llegue a su meta trayendo los cuerpos al nivel completo de amor al prójimo”, escribió Baal HaSulám, “se consolidarán los cuerpos de este mundo en uno solo y un solo corazón. Porque únicamente entonces se revelará toda la felicidad esperada a la humanidad en su pleno apogeo” (Artículo “HaShalom”).

(kabbalah.info/es)

jueves, 3 de septiembre de 2015

La crisis significa cambio


martes, 16 de octubre de 2012

Los niveles de ascenso

No importa qué obstáculos encontramos en el camino, desesperación, impotencia, diferentes opiniones, pensamientos y malas sensaciones egoístas, odio, sensaciones nada placenteras, indiferencia, todo esto gradualmente se acumula y crea un enorme deseo que es llamado la sensación del “exilio en Egipto”. Sólo al descubrir todo su tamaño, seremos capaces de imaginar la redención de sus oscuras profundidades.

Por lo tanto el pensamiento de redención es añadido a la sensación de exilio y nos lleva a la libertad. La oscuridad que sentimos al estar ante el Faraón y el escape de esta oscuridad, todas son importantes clarificaciones dentro de la Luz que es revelada a una persona que trabaja con el fin de salir del exilio.

La Luz lo hace sentir una oscuridad cada vez más grande y miedo del lugar en el que está, de sus propios atributos. Lo principal aquí es no torturarnos y no dejarlo pasar, sino entender que tenemos que pasar por toda la plena y detallada sensación del exilio. Después de todo, esta es la revelación de la naturaleza de la creación, acerca de la cual está escrito: “He creado la inclinación al mal”. Nuestro trabajo es sólo pedir la Luz que Reforma.

Cuando toda esta situación es clarificada con claridad en la percepción de una persona, él entiende que los cambios no ocurren en el nivel físico, sino en el nivel de los atributos que revelan la relación entre ellos. Existe un sistema general y todas sus partes están interconectadas en total interdependencia. Así es como fue creada toda la creación.

Pero dado que esta conexión viene de Arriba, sólo la Luz más débil es revelada en esta, la Luz de Nefesh, y entonces el poder de repulsión y odio, el ego, es revelado entre todas las partes separadas y gradualmente crece. Esta es ya la creación real que fue creada fuera del perfecto estado previo. El ser creado fue fragmentado y ahora tenemos que trabajar para conectarlo.

Nada cambia en el mundo corporal. Tenemos que trazarnos una imagen en la cual los atributos internos de las cosas cambian, las relaciones, que están totalmente separadas de las formas corporales de tiempo, movimiento, y espacio. Esto es de mucha ayuda.

Deben entender que una persona no tiene conexión con la Luz en la que está si no anhela conectarse con otros. Sólo si hace un esfuerzo por conectarse con otros por encima de la sensación natural de repulsión, él evoca sobre sí la Luz que lo rodea.

Por otra parte, podemos decir que una persona se conecta con el Creador sólo a través del sistema general. Al grado en que una persona puede conectarse con este, tiene contacto con la Luz superior.
No existe otro medio para acercarse al Creador, a la Luz, sino a través del sistema general. Si una persona está parcialmente conectada al sistema de las almas, entonces su conexión con la Luz tampoco sería completa. El orden de los niveles espirituales está determinado por eso. Si me conecto a otros un 20%, entonces me conecto con el Creador un 20% y me elevo una altura de 20% en los niveles espirituales. Todo es medido en relación a los deseos. Entonces nuestro trabajo es intensificar las conexiones entre toda la humanidad, en toda la realidad, y entonces seremos capaces de contactar al Creador.

(laitman.es)

viernes, 12 de octubre de 2012

Deseos: El motor del Cambio


“…es totalmente imposible realizar el más mínimo movimiento sin alguna motivación, o sea, sin la posibilidad de beneficiarse de alguna forma.”
“… cuando una persona mueve su mano de la silla a la mesa, le parece que al poner la mano sobre la mesa, recibirá mayor placer. De no pensar así, la persona dejaría su mano en la silla por el resto de su vida sin moverla siquiera un centímetro; ni qué hablar de un mayor esfuerzo.”

(“La Paz”, Rabí Yehuda Ashlag)

Los deseos no surgen de la nada. Se elaboran inconscientemente en nuestro interior y surgen solamente cuando llegan a ser algo definido, como “ ... quiero pizza”. Antes de esto, los deseos o no son percibidos, o al menos, sentidos como una inquietud general. Todos hemos experimentado ese sentimiento de querer algo pero no saber exactamente qué es; es un deseo que no ha madurado.

Platón dijo una vez, “La necesidad es la madre de la invención”, y estaba en lo cierto. De forma similar la Cabalá nos enseña que la única forma en la que podemos aprender algo es primeramente queriendo hacerlo. Es una fórmula muy simple: cuando queremos algo, hacemos lo necesario para conseguirlo. Sacamos el tiempo, acumulamos energía, y desarrollamos las habilidades necesarias. Esto significa que el impulso del cambio es el deseo.

La forma en que se desenvuelven nuestros deseos define y determina toda la historia de la humanidad. A medida que estos se desarrollan, incitan a la gente a estudiar su medio ambiente, de forma que puedan colmar sus deseos. A diferencia de los minerales, plantas, y animales, la gente se desarrolla constantemente. En cada generación, y en cada persona, los deseos se vuelven más y más fuertes.

El motor del cambio - el deseo - está hecho de cinco niveles, de cero a cuatro. Los cabalistas se refieren a este motor como “el deseo de recibir placer”, o simplemente “el deseo de recibir”. En los comienzos de la Cabalá, hace unos 5.000 años, el deseo de recibir estaba en el nivel cero. Hoy, como podemos adivinar, estamos en el nivel cuatro, el nivel más intenso.

Pero en aquellos tempranos días en los que el deseo de recibir estaba en el nivel cero, los deseos no eran lo suficientemente fuertes para separarnos de la naturaleza y a los unos de los otros. En aquellos días, esta unidad con la naturaleza, que hoy en día muchos de nosotros pagamos por volver a aprender en clases de meditación (y afrontémoslo, no siempre con éxito), era la forma natural de vida.

La gente no se conocía de otra manera, incluso no imaginaban que pudieran estar separados de la naturaleza, ni lo deseaban. En realidad, en esa época, la comunicación de la humanidad con la naturaleza y entre todos los seres humanos discurría con tanta fluidez que las palabras no eran necesarias, y en su lugar, la gente se comunicaba mediante el pensamiento, en forma similar a la telepatía. Era un tiempo de unidad, y la humanidad por completo era una sola nación.

Pero entonces ocurrió un cambio: los deseos de la gente comenzaron a crecer y llegaron a ser más egoístas. Las personas empezaron a querer cambiar la naturaleza y a usarla para ellos mismos. En lugar de querer adaptarse a ésta, quisieron modificarla para sus propias necesidades. Llegaron a distanciarse de la naturaleza, y por consiguiente, a separarse y alienarse entre sí. Hoy, muchos siglos después, estamos descubriendo que esto no fue una buena idea; simplemente no funciona.

Es más, desde esta división, hemos estado confrontando a la naturaleza. En lugar de corregir el incremento del egoísmo para permanecer en unión con ella, hemos construido un escudo mecánico y tecnológico que asegura nuestra protegida existencia de los elementos naturales. Esto significa, sin embargo, que seamos conscientes o no, estamos en realidad tratando a toda costa de controlar sus leyes y tomar el asiento del conductor.

Hoy en día, mucha gente se está cansando de la ruptura de las promesas tecnológicas, de riqueza, salud, y lo más importante, un porvenir seguro. Muy pocos han logrado todo eso hoy en día, e incluso no pueden afirmar que tendrán lo mismo mañana. Pero el beneficio de este estado es que nos está forzando a rexaminar nuestra dirección y preguntarnos. “¿Es posible que estemos equivocando el camino?”

Particularmente hoy, en la medida en que reconocemos la crisis y el punto muerto que enfrentamos, podemos admitir abiertamente que el camino que hemos escogido es un callejón sin salida.

En lugar de compensar nuestro egoísta distanciamiento de la naturaleza escogiendo la tecnología, deberíamos haber cambiado éste por altruismo, y consecuentemente por unidad con la misma. En Cabalá, el término usado para este cambio es Tikkún (corrección).

Percatarnos de nuestro alejamiento de la naturaleza significa que reconocemos la división que aconteció entre nosotros (seres humanos) hace cinco mil años. Esto es llamado “el reconocimiento del mal”. No es fácil, pero es el primer paso para un mañana mejor.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Una nueva dirección


Estamos hechos de tal forma que sentimos que las cosas cambian en el exterior, no en nuestro interior.

Nuestros egos crecen diariamente, intensificando el contraste entre la Naturaleza y nosotros. Para ahorrarnos la experiencia del sufrimiento derivada de este alejamiento, deberíamos comenzar a avanzar hacia la adquisición del altruismo de la Naturaleza. Las personas estamos hechas de tal forma que sentimos que las cosas cambian fuera de nosotros, no en nuestro interior. Así es cómo la realidad es percibida por los sentidos en la mente humana. Sin embargo, la fuerza de la Naturaleza es constante e inalterable. Si nos identificamos con ella, sentimos plenitud. En cambio, si nos desligamos, sentimos su firme oposición. 

En medio de estos dos extremos, percibimos las etapas intermedias. Cuando uno comienza a equilibrarse con las cualidades de la Naturaleza, la presión interna del cambio disminuye. Esto, a su vez, reduce las experiencias negativas en nuestra vida. De hecho, desde la perspectiva de la Naturaleza, nada cambia en este esquema. Es el individuo el que cambia. Así, el equilibrio en sí mismo crea en esa persona una sensación de que el impacto de la Naturaleza ha cambiado. Hoy día, la contradicción entre nosotros y la fuerza altruista de la Naturaleza no es álgida, dado que nuestros egos no han alcanzado aún su máximo nivel de desarrollo. Esto significa que el nivel de fenómenos negativos que experimentamos todavía podría robustecerse.

Esto, a propósito, es también la razón por la que cierta cantidad de personas no sienten todavía la crisis general que el mundo atraviesa. Pero nuestros egos crecen diariamente, e intensificarán el contraste entre la Naturaleza y nosotros. Para escatimarnos la experiencia del sufrimiento que este contraste conlleva, deberíamos comenzar a avanzar hacia la adquisición de la calidad del altruismo de la Naturaleza, cambiar el curso de la evolución.

Y deberíamos hacerlo muy pronto. Cuando lo hagamos, inmediatamente sentiremos una respuesta favorable en todos los niveles de la existencia. Por ejemplo, supongamos que un hombre tiene un hijo que se comporta muy mal. El padre habla con el hijo e intenta persuadirle para que cambie sus formas. Al final, acuerdan que en adelante harán borrón y cuenta nueva, y el niño mejorará su comportamiento. Si al día siguiente, el niño mejora, aunque sea simplemente un poco, la actitud del padre hacia él cambiará inmediatamente para bien. Así, todo es medido y juzgado no según el resultado, sino según la dirección.

Cuantas más personas se preocupen por corregir sus relaciones interpersonales, y consideren esta actitud como la cosa más importante, porque sus vidas literalmente dependen de ello, convertirán su preocupación común en preocupación pública, la cual afectará a todos los miembros de la sociedad.

Debido a nuestra conexión interna, toda persona en el mundo, aún en los lugares más desolados, instantáneamente comenzará a considerar que está relacionada con todas los demás y depende de ellas. Los seres humanos empezarán a pensar acerca de la dependencia recíproca entre ellos mismos y el resto de la humanidad.

(La Voz de Cabalá, Edición #2)

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