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viernes, 29 de mayo de 2015

Dos Árboles - una sola Raíz


En el relato bíblico del paraíso hay una descripción del árbol de la vida y el árbol del conocimiento. En ambos árboles están imbuidas las instrucciones para establecer la correcta relación entre el Creador y el creado. ¿Cuál es la estructura del alma de Adam HaRishón? ¿Cuál es el significado cabalista escondido en el pecado del árbol del conocimiento? Y ¿Cómo corrige un cabalista este pecado?

“De todos los árboles del jardín comerás, pero del árbol del conocimiento no comerás, porque al hacerlo, morirás”, (Génesis 2, 16-17).

Deleite, prohibición, vida, muerte, pecado, castigo, árbol del conocimiento, árbol de la vida. En el relato misterioso del paraíso, se encuentran todos los elementos que componen un drama clásico. Muchas leyendas se han escrito acerca de lo que allí ha acontecido o no. La sabiduría de la Cabalá viene al rescate, proveyéndonos una explicación fiel acerca del significado verdadero.

Según la Cabalá, la historia del paraíso es en realidad, una colección de instrucciones de operación para la restauración del alma quebrada que existe en cada uno de nosotros.

Tal como lo describe el Rabash (Rabí Baruj Shalom Ashlag) en su artículo (no. 10 del 1984), el Creador creó una sola alma, llamada Adam HaRishón (El Primer Hombre, en hebreo): 

“…todas las almas vienen del alma de Adam HaRishón,porque después del pecado del árbol del conocimiento, esta alma se dividió en seiscientas mil almas. Esto quiere decir que lo que tenía Adam HaRishón como una sola Luz en el Jardín del Paraíso, denominada en El Zohar "Zihará Ilaá(Luz Superior), se dispersó entonces en múltiples partes”. 

“Resulta que cada uno nace con un solo fragmento del alma de Adam HaRishón, y cuando lo corrige ya no tiene que reencarnarse”, (Rabash, artículo no. 12, 1984).
  
Al ser creada, se encuentra esta alma en el estado llamado Jardín del Paraíso. Según la Cabalá, está compuesta de 613 deseos que se dividen en dos tipos:

1. Árbol de la vida – 248 deseos puros, refinados, a través de los cuales podemos acercarnos al Creador, por lo que es permitido usarlos, realizarlos.

2. Árbol del conocimiento – 365 deseos ásperos, impuros, los cuales nos alejan del Creador, por lo que inicialmente, está prohibido usarlos.  

En la Cabalá, la palabra “prohibido” se refiere a “imposible” y la palabra “permitido” a “posible”. De aquí que el objetivo del decreto que permite comer del árbol de la vida –lo cual significa usar, realizar los 248 deseos- es explicarle al creado cuáles son los deseos que puede utilizar para acercarse al Creador. En contraste, la prohibición de comer del árbol del conocimiento -usar, realizar los 365 deseos- le indica al creado de qué deseos tiene que cuidarse para no desprenderse del Creador.

Pecado prediseñado

 “…no podía ingerir del árbol del conocimiento con la intención de otorgar, sino que lo ingirió con la intención de recibir. Esto es llamado ‘el aspecto del corazón’. Es decir que el corazón quiere únicamente lo que le trae beneficio propio. Y este fue el pecado del árbol del conocimiento”, (Rabash, Artículo no. 12, 1984).

Y efectivamente, después de haber comido del árbol del conocimiento, pese a la prohibición, Adam HaRishón se entera qué difícil le es mantener la relación con el Creador. Los 365 deseos grandes que simboliza el árbol del conocimiento se revelan y Adam HaRishón pierde control. Sin embargo, hay que entender que este pecado no era casual, sino predeterminado. El objetivo de este pecado era traer el creado, a fin de cuentas, al estado en el que pueda usar, realizar todos sus 613 deseos plena e ilimitadamente.
  
No obstante, como resultado de este pecado, todos los deseos pasaron un proceso de rompimiento, tal como un rompecabezas en el que todas sus partes se han separado y mezclado entre sí, hasta que es imposible saber adónde pertenece cada pedazo. Es así que Adam HaRishón perdió la habilidad de usar incluso los 248 deseos que podía utilizar anteriormente.  

En este proceso de quebramiento, se dividió el alma de Adam HaRishón en múltiples almas particulares, y éstas descendieron al lugar más distanciado del Creador, este mundo. En cada uno de nosotros existe una parte rota de aquella alma general de Adam HaRishón, y aunque no lo sintamos, dentro de cada una de nuestras almas latentes, existen dos tipos de deseos, mezclados entre sí, los deseos permitidos, y los prohibidos.  

El despertar y reconstrucción de nuestra alma se realiza mediante la Luz que Reforma, que se atrae a través del estudio, desde las fuentes auténticas de la Cabalá. Primero, tenemos que separar los deseos ásperos de los refinados, o sea, entre el árbol del conocimiento y el árbol de la vida, y luego, adquirimos la plena capacidad de utilizar y realizar correctamente ambos árboles en conjunto, es decir, todos los 613 deseos del alma, experimentando una existencia plena y segura, lo cual fue desde un principio, la Meta de la Creación.

(kabbalah.info/es)

Material relacionado:
Jardín de Eden, Árboles del jardín, Árbol del conocimiento del bien y el mal
El alma de Adam HaRishon

lunes, 8 de abril de 2013

Entre "gentil" e "Israel"




Extracto de las escrituras de Rabash, “Qué es la Preparación para los  arrepentimientos”:
Por lo tanto, él pide perdón de Dios, que le de fuerza para recibir sobre sí el peso del reino de los cielos por encima de la razón. O sea, que tenga la fuerza de superación, y de reforzarse en la fe en Dios. Y sabrá cómo comportarse entre el hombre y este reino con un poco de reverencia de honor.

Es decir, cuando la persona se pase cuentas a sí misma, entonces verá que le falta solamente una cosa. O sea, hacer una averiguación sobre cuál es la diferencia entre judío y gentil, que para ello hacemos una bendición diariamente: “bendito seas Señor que no me has hecho gentil”, y no pone atención a lo que dice cuando pronuncia las palabras “que no me has hecho gentil”.

“Gentil” se denomina a la persona que obra para sí misma, e “Israel”, “judío” es quien desea unirse con el Creador para otorgarle. En cada persona están estas dos partes: la parte corrupta, donde domina el ego, y la parte corregida, donde domina el atributo de otorgamiento. Esta es la diferencia entre “gentil” e “Israel”, y muestra todos nuestros pecados. Nosotros debemos siempre vernos  en el medio. Este examen propio significa una preparación para el nuevo cambio.

Cada uno debe sentirse como un “habitante de Babilonia”, que elige con quien ir: con Abraham y convertirse en “Israel” que siente al Creador y al atributo de otorgamiento, o como el resto del mundo, por el camino del ego. Todo se mide solamente en relación a la cualidad del Creador, la del otorgamiento, hasta cuanto queremos que esta cualidad nos domine y nos guíe  consciente o inconscientemente. Solamente así hay que imaginarse al Creador, como una fuerza interna que domina al hombre, y no como una fuerza externa.

Obviamente, el hombre peca no por tener deseos egoístas, ya que así fue creado. Pero si él elige permanecer dentro de su ego, eso si ya se denomina pecado. La primera vez no se considera como tal (como en el caso del pecado del primer hombre). En este caso yo sólo clarifico la acción, la causa y su resultado. Pero cuando descubro el pecado (el ego) dentro de mí, y reconozco que me domina, quiere decir que estoy pecando. Esta es la revisación, saber qué es lo que quiero.

(Extracto de la clase sobre el artículo de Rabash, kabbalah.info/es)

domingo, 30 de septiembre de 2012

Necesitamos personas corregidas en vez de ángeles


PREGUNTA: ¿Es posible que alguien que nació en pecado, no peque?
RESPUESTA: Por supuesto que no. Todos nosotros hemos nacido en pecado y no podemos evitar el pecado. Nadie espera que seamos ángeles. Lo qué se espera de nosotros es que nos demos cuenta de esto y que entendamos que es realmente un pecado.
Un pecado es cualquier deseo dirigido en contra de la conexión con los demás, en contra de la corrección de la ruptura. El alma común se rompió y ahora cada uno existe en un sistema roto, solo con su egoísmo. Yo quiero utilizar este egoísmo de alguna manera para usar a los demás, pero esto no es malo, es un deseo natural.
El egoísmo real contra el que tenemos que resistir y contra el que tenemos que trabajar, sólo se manifiesta cuando realmente intentamos conectarnos con los demás, y surge en mí una resistencia, una falta de deseo de estar conectado con ellos. La gente común, que opera en este mundo de una manera habitual, no es llamada egoísta. Ellos no están tratando de unirse en un solo sistema.
El egoísmo sólo se manifiesta bajo la condición de que la persona esté planeando conectarse con la intención de corregir la ruptura, es decir, de unirse con el propósito de revelar al Creador. Y es posible que yo ni siquiera desee esto. Pero si yo aun así hago un esfuerzo, entonces se me revela el mal que hay dentro de mí o el poder de la ruptura. Este es el verdadero egoísmo.
¡Pero la persona común que no trabaja con esto, no tiene egoísmo! Primero necesitamos descubrir el poder de la ruptura que opera entre nosotros. Luego, nosotros seremos capaces de corregirlo y convertirlo en el poder de la unidad. Este será el reconocimiento del mal, la oración nacerá de él y llegará la corrección, la bondad.
Todo este proceso sólo les sucede a aquellos que tratan de conectarse con el propósito de corregir la ruptura y de revelar al Creador por el bien de complacerlo a Él al hacerlo. Tiene que estar absolutamente claro para nosotros que todo esto sólo ocurre con esta intención. Entonces nos conectamos a la cadena de acciones que nos ayudan a revelar el mal, pedimos ayuda y recibimos la fuerza para llevar a cabo la corrección, y alcanzamos la revelación.
(De la 1° parte de la lección diaria de Cabalá del 9/14/12, Escritos de Rabash)
(img: bajmon.deviantart)

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